Tu Semana Santa

Para los que están vinculados a ella y para los que lo estuvieron. Para los mayores y los jóvenes, para los que participan activamente, o los que no lo hacen, o lo hicieron y lo dejaron por diversos motivos; para los que están fuera en cuerpo, pero tienen el alma en su ciudad esos diez días, y para los que hacen lo imposible por vivirla año tras año a pesar de vivir a muchos kilómetros.

La Semana Santa tiene el poder de pertenecer a todos los zamoranos, como una especie de valor adquirido, la justa herencia intocable de quienes la construyeron, la modificaron y la cuidaron para que el futuro, plagado de cambios y constantes evoluciones, se parara durante unos días a mirar de reojo a su pasado y reconocerse en él como hijo de su tierra.

Uno comienza a vivir la Semana Santa de pequeño, un poco atemorizado por el sonido de esos tambores destemplados que retumban en medio de la noche, la imponencia de los enormes pasos grabados en la retina y esa multitud de gente con la cara tapada.

El día que sales en tu primera procesión, vas entendiendo un poco más ese sentimiento de los mayores, a los que te unes en la tradición y que te acompañan a tu lado; sin duda ya estás dentro. ¿Te acuerdas de las carreras para ver dónde estaba el barandales anunciando la procesión? Personalmente, siempre recordaré el rictus de sufrimiento de Alberto Villacorta a los lejos.

Vas creciendo, y año a año se forja ese sentimiento de pasión e ilusión cada vez que llega. Con la adolescencia se abre camino otra tradición, la tuya propia, la de las procesiones con amigos en los lugares de siempre, la de las largas esperas de conversaciones y pipas, la de las miradas bajo la túnica y las emociones a flor de piel. La energía de la juventud no deja lugar a dudas, tienes que ver todo y vivir todo; ir corriendo de aquí a allá con el bocata y no perderte ningún momento… ¡son sólo diez días de intensidad! Aún ni entiendes por qué hay gente que no va a ver el traslado, con lo feliz que te hace ese primer día cuando ves al nazareno de San Frontis aparecer por el puente de piedra.

Recuerda aquel primer Thalberg en tu primera madrugada eterna; aquella penitencia el primer año que tu abuelo o abuela te faltó, aquellas almendras pegadas al guante preparadas veinte metros antes de llegar donde estaba tu familia esperando, el primer Jueves Santo que madrugaste para ver a la Esperanza subir por Balborraz y prometiste no volvértelo a perder, y para muchos, aquella primera carga, los hombros y el corazón levantando tantos kilos de emoción y los primeros pasos al son de un Mater Mea que no se te olvidará jamás.

Te vas haciendo mayor, y se van sumando primaveras; los pies ya no aguantan tanto, el frío del Duero en tu cara cada año pesa más, pero al final siempre te pones nervioso cuando ves al Cristo del Amparo entrando en Olivares tan justito: llevas treinta años pensando “¡ay como lo rompan!”. No faltas, no fallas, quizás dejas ya procesiones sin ver, pero los rituales son los mismos: los amigos que están, el reencuentro, el vídeo al que falta este año, ese olor que envuelve la vida en semana santa con los tuyos. Ahora ya eres tú el que tienes que inculcar a tus hijos ese gusanillo que nos une a Zamora por completo: prestarle la eterna alegría de ver al abuelo cargando, enseñarle esa jerga característica, darle una aceitada y hablarle de Ramón Álvarez, de cuando lo admitan en tu cofradía… en definitiva, transmitir una parte de tu vida. Qué orgullo cuando aguanta entera su primera procesión.

Tu propia Semana Santa va evolucionando, pero todo sigue igual: cada lunes santo sientes escalofríos al escuchar el Jerusalem, no has faltado nunca al Miserere en Viriato, y aunque has comido el dos y pingada con tus padres, tus amigos, tus suegros y ahora con tus hijos, el sabor de la Semana Santa permanece siempre inalterado.

Con la vejez lo que se agolpa en la memoria son los recuerdos, la gente de tu generación, tantas cazuelas de sopas de ajo, tantas salves a Nuestra Madre. “Ahora se vive de otra manera” piensas mientras observas la foto de La Soledad en tu cartera al lado de la de los nietos. Y no son pocos los zamoranos que se van de este mundo con la túnica de su cofradía, ofreciendo una eternidad de Pasión.

Podríamos decir que la Semana Santa de Zamora es extraordinaria por múltiples razones: el excepcional arte imaginero mimetizado al escenario románico, la contención y el silencio nocturnos, la intimidad y el recogimiento, los cantos gregorianos, las marchas, la gastronomía… pero el secreto es otro.

El secreto de nuestra Semana Santa es que aunque la pongamos en singular, es que existen miles y miles. Cada uno tiene la suya propia: sus vivencias, sus preferencias, su manera de sentirla. Zamora guarda un incalculable amor a su Semana Santa y por eso esta callada ciudad del Duero grita al mundo durante diez días: esto es lo nuestro, éstos somos nosotros.

A todos, que disfrutéis de la Semana Santa 2017.

Manuel Rodríguez Gago

Agenda del 3 al 9 de abril de 2017

LUNES, 3 DE ABRIL

17.30 h. /LITERATURA: ‘Literary Chat’, charlas en inglés sobre libros y literatura. En la Biblioteca Pública. Entrada libre.

20.00 h. /BAILE: Sesiones de tango argentino impartidas por la Asociación Cultural Danzarín Zamora en el Museo Etnográfico.

21.30 h. /MÚSICA: Como cada lunes, JAM SESSION de jazz en el Ávalon Café a cargo de Suricato Morse. Entrada libre.

MARTES, 4 DE ABRIL

20.00 h. /BAILE: Sesiones de tango argentino impartidas por la Asociación Cultural Danzarín Zamora en el Museo Etnográfico.

MIÉRCOLES, 5 DE ABRIL

18.00 -20.00 h. /IDIOMAS: Inglés al natural para niños de 3 a 10 años con Marieta Poppins en La Puerta de la Cabeza. Precio: 7 euros/hora. Inscripciones en 659483882/  653459625 / lapuertadelacabeza@gmail.com.

 JUEVES, 6 DE ABRIL

17.00 – 19.00 h. /PINTURA: Clases de pintura y dibujo en La Puerta de la Cabeza. Precio: 30€/mes. Inscripciones en 659483882/  653459625 / lapuertadelacabeza@gmail.com.

19.00 h. /FILOSOFÍA: Nueva entrega del Filocafé, sesiones de diálogo filosófico por Emilio Benéitez Prieto. En la Biblioteca Pública. Entrada libre.

20.15 h. /SÁHARA: Tiza y arena. Un viaje por las escuelas del Sáhara español, presentado por Enrique Satué Olivan y Emilio Ruiz Seco en el Museo Etnográfico. Entrada libre.

 VIERNES, 7 DE ABRIL

17.00 – 19.00 h. /PINTURA: Clases de pintura y dibujo en La Puerta de la Cabeza. Precio: 30€/mes. Inscripciones en 659483882/  653459625 / lapuertadelacabeza@gmail.com.

22.00 h. /MÚSICA: Concierto de MÄBU en el Ávalon Café. Entrada: 6 euros.

23.30 h. /MÚSICA: Concierto de ISEO en La Cueva del Jazz. Entradas: 8 euros anticipada / 11 euros en taquilla.

SÁBADO, 8 DE ABRIL

/SWING: Master class de Swing Zamora con doble horario. De 12:00 a 14:00 horas, clase de iniciación  y de 16 a 18 horas para nivel avanzado.

12.00 h. /CUENTACUENTOS: Cuentacuentos en lengua de signos española en la Biblioteca Pública. Entrada libre.

10.00 h. /TALLER: Taller creativo Diseña tu cartel de Semana Santa con la técnica del collage en el  Ramos Carrión. Inscripción: 15 euros.

20.00 h. /TEATRO: Representación La Celestina: La tragicomedia en el Teatro Ramos Carrión. Entradas: 14-20 euros.

22.30 h. /MÚSICA: Concierto de MALDITA JULIETTE en el Café Numancia. Entrada libre.

23.30 h. /MÚSICA: Concierto de REMEMBERING THE DOORS en La Cueva del Jazz dentro del XV Ciclo de Grupos Zamoranos. Entrada: 5 euros.

23.30 h.  /MÚSICA: Concierto de UKELELE CLAN BAND en la Sala Buda de Benavente. Entrada: 3 euros.

EXPOSICIONES

  • Pintura española. Exposición de pintura en la galería Espacio 36-Ángel Almeida. Hasta el 12 de abril.

  • Heridas. Mujeres dos rombos. Exposición de escultura en el Museo Etnográfico. Hasta el 15 de abril.
  • Tres siglos de escultura: Fundición Codina. En el antiguo palacio de la Diputación. Hasta el 30 de abril.
  • “Sistemas instrumentales”, intervención en la exposición permanente del Museo Etnográfico a cargo de Fernando Sinaga. Hasta el 30 de abril.
  • Ángel de Horna y Ángel Laso. Exposición de fotografía en el Museo de Zamora. Hasta el 4 de junio.

Abril es valoración y eco

Llega Abril con la calma que caracteriza a la Zamora post semana santera, la resaca después de la multitudinaria fiesta, la excesiva quietud que devuelve la tranquilidad a una tierra resignada a resucitar en la Pasión y a volver a morir con cada Resurrección; siempre al revés, Zamora.

Volvemos a ver desfilar la caravana de coches por la Ruta de la Plata, y el AVE hace que los jóvenes zamoranos en Madrid se puedan marchar más rápido este año. Zamora ya es sólo un recuerdo en la mente de las miles de personas que pasaron por aquí.

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75 años. Dos hermandades y una nueva Semana Santa

Hace 75 años, la Semana Santa comenzó un proceso de profundo cambio y reflexión sobre lo que la ciudad quería para sí misma y lo que quería vender al turismo que empezaba a aumentar debido a los avances del ferrocarril y la difusión que la Junta a favor de la Semana Santa (hoy Junta Pro) daba a dicha celebración.



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El siglo XIX sin duda fue el siglo de Ramón Álvarez, el siglo de su gubia. Zamora se había rendido a su arte y eso es lo que se quería mantener e impulsar de cara al futuro. Sus discípulos y los autores que trabajaron en el XX, siguen más o menos esa línea que el imaginero de Coreses había trazado 50 años antes, y es aquí, en el siglo XX, cuando se define la esencia, se engruesa la lista de cofradías y se conforma lo que hoy conocemos como nuestra Semana Santa.

El principio de austeridad que marca la nocturnidad de los días de pasión, la unión entorno-procesión que resalta a la máxima potencia las figuras y diversos elementos instrumentales y visuales introducidos en este siglo, van caracterizando una pauta a seguir en las nuevas hermandades que se van creando.

De las 17 cofradías que hoy existen, 12 de ellas se fundaron en el siglo XX. La diferencia entre las antiguas y las últimas es clara: las primeras narran con “pasos” las escenas de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo dentro de la cronología marcada, y las fundadas después obedecen a la devoción de una figura, siempre representando a Cristo o a la Virgen, ambos bajo diversas denominaciones.

Es en este contexto cuando se fundan dos cofradías que hoy cumplen 75 años, y que sirvieron de referencia para la creación del núcleo procesional semanasantero, tanto en forma, como en manera de vestir y actuar.

La cofradía de Jesús del Vía Crucis y la Penitente Hermandad de Jesús Yacente desfilan en 1941 por primera vez, en torno a la figura del Jesús Nazareno del barrio de San Frontis, la primera, y al recién encontrado Cristo Yaciente, de una clara similitud al de Gregorio Fernández, la segunda.

Una para el día, otra para la noche. Las dos empiezan un camino que da forma a una Zamora en busca de precisión e identidad.

Sendas hermandades han festejado su aniversario con varios actos, entre los que resaltan dos exposiciones que hemos podido contemplar unas semanas antes de Semana Santa; La cofradía de Jesús del Vía Crucis ha repasado su historia en la Encarnación, enseñando los enseres que han dado forma y vida a la cofradía desde su nacimiento y las variaciones que ha ido sufriendo, desde faroles, túnicas que han vestido al “Mozo”, paneles que fueron antiguas mesas procesionales o carteles y dibujos que ponen cara a su historia.

Jesús Yacente, por su parte, en su sede en Santa María La Nueva, ha acogido la exposición “Yacens”, donde se han podido contemplar 25 yacentes y cristos articulados de toda la provincia.

La iconografía de Cristo Yacente, muy utilizada en España, es casi propia del siglo XVII, en el barroco, donde sobresale la figura de Gregorio Fernández y la escuela castellana, y de donde proviene el “nuestro” de Francisco Fermín; aun así, en esta exposición encontramos Cristos en decúbito supino desde el siglo XIII al XXI, y podemos comparar la evolución artística y anatómica que ha sufrido este tipo de escultura en nuestra provincia.

Dos maneras diferentes de construir una Semana Santa que comenzó ahí un camino que sigue su marcha con respeto, arte, tradición y 75 primaveras bien cumplidas. Felicidades.

Manuel Rodríguez Gago

Por el precio de dos cafés…

Esta Hermandad no se fundó para ayudar a la gente”.

Quien les escribe ha salido más veces de las que le gustaría reconocer con un sabor amargo de las asambleas de Semana Santa. Allí, en el peor de los casos, uno puede experimentar diferentes estados de ánimo: pena, vergüenza, indignación, etc. Pero nada comparable a lo vivido hace poco más de dos semanas en la asamblea de la Hermandad del Espíritu Santo.

La durísima frase inicial, soltada como si tal cosa durante el inexplicablemente acalorado debate sobre la conveniencia o no de subir dos euros la cuota anual, cayó como un jarro de agua fría sobre todos los presentes.

Cartel de la acción social de la Hermandad del Espíritu Santo

Cartel de la campaña de acción social de la Hermandad del Espíritu Santo

Huelga decir que en cualquier asamblea el debate siempre es enriquecedor pero en este caso no deja de sorprender que el grupo que tan vehementemente se oponía a dicha subida de cuota, directivos de la más antigua de las tres grandes, se haya beneficiado de los 1000 euros anuales a los que ha renunciado la Hermandad del Espíritu Santo durante los últimos años. ¿Saben para qué? Para que ellos pudieran poner bandas de música en la calle. Un dinero que al Espiritu Santo, con una economía bastante limitada y siempre con los objetivos sociales en el punto de mira, le hubiera venido de maravilla.

Analizada, la frase es terrorífica y esconde un sonrojante sentido: No estamos para ayudar a quien lo necesita, sino para disfrazarnos de monjes una vez al año.

El asunto ya lo hemos comentado aquí más veces: somos de procesiones y no de cofradías. Sólo así se explica que mientras cofradías como el Espíritu Santo apuestan por formar a sus pocos más de 1000 hermanos y “hacer cofradía”, en otras sólo preocupa engrosar las listas con la finalidad de que la cuenta no se quede en números rojos y haya parné para pagar a los músicos. En conclusión: unos siembran y recogen mientras otros apuestan por la cantidad, que no la calidad.

Pero no se preocupen, los hermanos del Espíritu Santo juegan en otra liga y la propuesta de la subida de cuota arrasó pese a las voces críticas. Esperemos que no tarde en llegar el día en que le demos la vuelta a la tortilla a la frasecita inicial y digamos seguros: “Todas las cofradías están para ayudar a la gente”.

Ricardo Domínguez Alonso

Ser mujer y semanasantera

Érase una joven llamada Carmen.

Carmen siempre fue una apasionada de la Semana Santa de su ciudad, días en los que le gustaba reunirse con sus amigos y su familia para disfrutar del sentimiento que le provocaba una tradición que había disfrutado desde que nació.

Carmen descontaba días en el calendario hasta el Jueves de Dolores, escuchaba la marcha de Thalberg en marzo o en julio, y cuando llegaba la gran Semana, estaba en la calle saboreando las procesiones día y noche, juntándose con los de siempre en los mismos sitios, e impregnándose de su ciudad cultural, artística e incluso gastronómicamente.

Un día, la joven decidió apuntarse a una cofradía que siempre le había gustado, y a la que pertenecían varios familiares, por lo que estaba muy emocionada imaginándose dentro de ella y participando por fin en la fiesta por la que tanto amor tenía.

Y, como el lector ya imaginará, Carmen es excluida por razones sexuales, por un absurdo convencimiento bastante extendido de que la tradición semana santera es fundamentalmente masculina.

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Una palabra bastante curiosa esta de “tradición”. El argumento machista que esconde la tan nombrada palabra es bastante ilógico teniendo en cuenta que la mayoría de las cofradías donde no se admiten mujeres están creadas en la mitad del siglo XX, aquellos años en los que el auge de la Semana Santa se consolida y se define la estética y el escenario que la ciudad quiere mantener, hasta entonces no tan delimitado.

Y es que, cada vez son más los que piensan que la Semana Santa de Zamora es la misma desde sus inicios hasta la actualidad, y nada más lejos de la realidad, nos encontramos con que la mayoría de las cofradías más antiguas como la Santísima Resurrección, Nuestra Madre de las Angustias y desde más recientemente la Santa Vera Cruz llevan a mujeres entre sus filas. ¡Qué curioso!

Entonces, ¿qué pasa en las décadas de los 20, 30 y 40 del siglo XX, donde vemos el surgimiento de estas hermandades que arraigan el machismo de la discriminación sexual?

¿Qué entendemos por tradición y por qué nos escudamos tanto en esta palabra?

Reflexionemos, es muy importante conocer nuestra propia historia para no caer en falsos conceptos.

Señores, la Semana Santa de Zamora tal y como la conocemos no tiene más de 100 años, lo queramos ver o no. Elementos visuales que hoy consideramos principales como el caperuz, la forma y estética de tallar los pasos para mimetizarlos con el entorno principalmente románico, el silencio absoluto, los cantos de coros masculinos de diferentes cofradías no vienen del siglo XII, si no de antes de ayer. Y es importante saberlo y no confundirse, porque la tradición hay que mantenerla y respetarla, pero sin la evolución propia de la sociedad corremos el peligro de estancarnos en el pasado, con los consecuentes riesgos que eso conlleva.

Volviendo el tema que nos atañe, alguien me dirá: “es que las mujeres se comportan mal, van pintadas, y se salen de las filas cuando están cansadas”; conversaciones de este tipo he tenido más de una y de dos. Mi respuesta es que la gente no se queja con tanto ahínco cuando los malos comportamientos son realizados por hombres ¡y también los hay!, véase: el estado alcoholizado evidente que llevan algunos cofrades en la mañana de Viernes Santo mientras cargan la cruz de La Congregación, las palabras malsonantes e irrespetuosas que se escuchan muchas veces desde debajo de los pasos por parte de los cargadores, o los corralitos de hermanos que se transforman en tertulianos cuando la procesión hace un “fondo”. Por favor, no generalicemos.

El día en que, hace años, vi un reportaje sobre la Semana Santa y aludía a las madres y abuelas como las que planchan los pañuelos y llevan a los hijos a ver a papá desfilando, sentí en mi interior un retroceso generacional importante. Gracias a las hermandades que han cambiado esto en el último tiempo, y que refuerzan la idea de la igualdad, y a las hermandades que no lo han hecho, trabajen por un futuro digno para nuestra Semana Santa, si quieren elevarla al olimpo del reconocimiento mundial.

Carmen, sigue luchando para que la Semana Santa te respete y te defienda igual que lo haces tú con ella.

                                                                                               Manuel Rodríguez Gago

Objetivo: Museo

Lleva varios años estando en el punto de mira de los objetivos a corto plazo. Zamora exige un museo a la altura de su Semana Santa. El momento no puede ser más favorable: con la Junta Pro-Semana Santa sabedores de su necesidad y el nuevo equipo del Ayuntamiento libre de todo prejuicio y consciente de que la celebración es el gran atractivo turístico que por consiguiente más beneficio genera, parece que ha llegado el momento de sentarse a hablar y apoyar el proyecto en la medida en que las arcas municipales lo permitan.

Hasta entonces, muchos lo sabían pero pocos se habían atrevido a decirlo: nuestro museo no estaba a la altura del contenido. Se había convertido en algo así como un garaje de pasos procesionales. Por fortuna, el actual gobierno de la Junta Pro Semana Santa se ha percatado de lo urgente de su renovación. Y ya quedaron atrás los tiempos en que se buscaba un nuevo emplazamiento. La ilusión depositada en el proyecto parecía reclamar un giro de 180 grados que pasaba por buscar una nueva ubicación. Ahora todos entendemos que el lugar, en pleno casco histórico y dentro de la principal ruta turística, es inmejorable.

museo zamora

Como decimos, nuestro museo no debe ser una cochera, sino un centro de interpretación de la Semana Santa. El visitante no se dedicará simplemente a caminar mientras contempla una abigarrada sucesión de grupos escultóricos con una cartela delante. Nada más lejos de la realidad. Quien decida entrar tiene que comprender el origen, la historia y la evolución de la Semana Santa hasta llegar a los tiempos actuales. Además, debe conocer la sensación que se experimenta al encontrarse en la ciudad en esos días. Por otro lado, es evidente que en la actualidad hay ciertos objetos que allí se encuentran descontextualizados y cuyo lugar es el depósito del propio museo. Sin embargo, existen elementos patrimoniales que sí deben ser exhibidos (carteles oficiales, fotografías, documentos de especial relevancia, enseres y objetos procesionales, etc) para el mejor conocimiento de la celebración. Se puede aprovechar la remodelación para dotar al museo de una mayor seguridad y para que, por fin, algunas imágenes de devoción como pudieran ser, por ejemplo, el Resucitado o La Amargura, cumplan su función en los lugares más apropiados, es decir, en sus iglesias.

En definitiva, el proyecto reclama un criterio profesional, un discurso museológico que sea atractivo al visitante. Ahora es el momento.

Ricardo Domínguez Alonso