Leer está sobrevalorado

Como con los carteles de “Sexo gratis”, acudo a este conflictivo titular para atraer vuestra atención y poder dilucidar el papel que juega la lectura en la sociedad en general y en la educación en particular. Hay pocas verdades absolutas en este mundo, pero podríamos decir que la lectura es imprescindible para la formación del ser humano como persona. Lo que a veces olvidamos es que hay otras muchas materias que olvidamos, nadie sabe por qué, y relegamos a segundos escalones a la hora de entrar a valorar qué es lo que hace a una persona más o menos válida.

Tras la publicación anual del informe PISA es habitual leer, ver o escuchar informaciones que se refieren sobre todo a las horas que pasan los estudiantes ante un libro, ya sea sobre una asignatura en particular o de cualquier otro tema, incluyendo a la ficción. Hay una clara tendencia a sobrevalorar o menospreciar a los niños y a los jóvenes estudiantes en función del tiempo que dedican a esta actividad, como si el resto de su formación y lo que hacen en sus ratos de esparcimiento no tuvieran tanta validez. Es considerado, por ejemplo, más culto aquel que ha leído El Quijote que quien ha visionado en su totalidad la obra de Luis Buñuel; y así, miles de casos.

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Sobre el agua

Subíanme mis pies en un abandonado y penitente impulso por la cuesta de San Martín, cuando mi vista (hasta entonces ocupada en una rutinaria revista del común paisaje urbano y de los transeúntes que le sobreviven) topóse con un elemento ignoto.

De una de las pequeñas tapillas metálicas (que nos resbalan a cada metro en los días de lluvia) manaba, muy débil, casi suplicante en su borboteo, un pequeño chorrito vertical de lo que el grabado de la tapadera en mayúscula ya advertía: AGUA. El diminuto manantial, de presión variable, ya dejaba bajo sí un reguerito que buscaba entre las regulares formas de la acera sus meandros para al fin llegar -imagino- a su desembocadura y ganarse así el título honorífico de afluente, tan notorio entre las masas de agua corrientes.

Pöló

Pöló

No nos engañen aquí las proporciones del chorrito, que para el pocero asignado a la tapilla (de unos quince centímetros de envergadura y por tanto, estimo, otros quince de altura) habrán de ser las mismas que las que para nosotros resultarían de un paseo por los géiseres de Yellowstone.

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La razón de mi sinrazón

Nunca he rehusado a la oportunidad de moldear las palabras con un fin específico. Jamás me he amilanado, ni he intentado ocultar mis ansias por tratar de buscar, con fórmulas diferentes, nuevos resultados en la complicada artesanía de cincelar cada vocablo hasta hacer encajar, igual que un relojero suizo, cada uno de los engranajes que sustenten a la simple complejidad del cosmos que se esconde detrás de cada texto.

Tal vez sea por ese sentimiento previo al comienzo por lo que decidí empezar a escribir en Buscarruidos. Esos microsegundos que se convierten en horas y en días aglutinando ideas que, tan pronto nacen, se convierten en material de desecho. Pero aquí nada se desaprovecha. Todo ese tiempo y elucubraciones se almacenan formando una energía que espera, paciente y alerta, a que llegue la chispa adecuada. Algo impredeciblemente fugaz que nace de la nada y que provoca un big bang de una magnitud tan colosal como el combustible, ya fósil, acumulado durante su venida.

O no.

With my hands covering both of my eyes I am too scared to have a look at you now. - @Aliceizattion

With my hands covering both of my eyes I am too scared to have a look at you now. – @Aliceizattion

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La literatura es cosa del pasado… O no

¿Quién coño dice que la literatura no es cosa de jóvenes? Me hace cierta gracia –de la mala– eso de que los chavales solo hacen el idiota con cualquier aparato digital y que ya no leen y que ya no hacen esto o aquello, como si en el pasado todos esos estos y aquellos sí estuvieran a la orden del día. Probablemente sí, se pase demasiado tiempo delante de una pantalla, pero por favor: no digáis que eso es cosa de jóvenes. Y sí, parece difícil que ahora mismo cualquiera se pare a leer algo que no quepa en los 140 caracteres de Twitter o en la línea del pie de foto de Instagram, pero ¿desde cuándo lo difícil es algo que haya que evitar? Yo, al menos, no puedo evitarlo: los desafíos me la ponen dura.

Presentación de Bellquiem. Foto Julio Eguaras.

Presentación de Bellquiem. Foto Julio Eguaras.

Hace dos semanas, además, me quedaron claras unas cuantas cosas. La primera: que a los jóvenes les atrae la literatura. No toda, ya, pero en serio, ¿a quién se le ocurrió que El Quijote o Marianela son libros que vayan a hacer que a un chaval de trece años leer le resulte atractivo? Sin ánimo de desmerecer a nadie, parece evidente que al encorbatado al mando de los programas del sistema educativo no le interesa que a la juventud le pique el mono de abrir un libro y meterse unas líneas.

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El oficio más viejo del mundo

¿Cuál es el significado de las librerías en el imaginario colectivo? A esta y a otras preguntas se enfrenta Jorge Carrión en su ensayo “Librerías”, un volumen editado por Anagrama en 2013 que se ha convertido, a estas alturas, en un alegato en defensa de las librerías. Se trata de un recorrido espacio-temporal por diferentes establecimientos de medio mundo que han resultado, a la postre, trascendentales en la vida y obra de muchos escritores.

Carrión traza un peculiar viaje en el que construye una auténtica cronología sobre la historia de las librerías, de cómo han evolucionado hasta nuestros días y cuál es su papel en plena era digital. Por qué las librerías se convirtieron en emblemas culturales y en centros neurálgicos para la expresión artística de las ciudades donde ejercen su actividad. Una actividad que trasciende, con mucho, el propio ejercicio de la venta de libros.

Este ensayo es clarificador y desprende un brote nostálgico de una vida que, tal vez, haya desaparecido, pero que ensalza el trabajo dedicado y apasionado del librero, un oficio en vías de extinción que, sin embargo, parece gozar de un prestigio y un valor romántico de suma importancia, al menos, entre quienes gozamos escrutando anaqueles y contraportadas, en busca de ese libro que llevarnos a casa como un tesoro.

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Delatando labores secretas (y II)

(Para leer la primera parte, pincha aquí)

troncoso

La segunda sección se adentra en el territorio de lo metapoético, haciendo “repaso de un oficio”.

“Lo mismo que a unos huéspedes que llegan/salpicados de frío, buscas vano/ acomodo entre las sábanas/ heladas del poema.”

Destaca el poema “Aprendizajes”, dedicado a otro destacado poeta zamorano, Ángel Fernández Benéitez, que el autor continúa reivindicando en su apartado de http://lasafinidadeselectivas.blogspot.com.es/

“ En él ya estaba contenida una mirada y una posición ante el mundo, que comenzaban por una negación frontal a lo consabido y que terminaban eligiendo las formas de lo inadvertido, de lo provisional, de lo intermedio como soluciones para despedazar las leyes de la corrección, que tanto han empequeñecido a la persona.”

“Memorandum”, que así se llama la segunda sección, nos muestra al poeta concediéndose a sí mismo un “Ultimátum”:

“Te lo repito: que un tiempo miserable/gane tu casa, ahuyente tu carnaza/si te sigues vendiendo a las palabras.”

Y entre sabios aforismos (<<Mide bien tus palabras>>, era sólo/otra noble razón/ de invitarme a callar poquito a poco.), concluye (Y del encontronazo, una enseñanza:/mengua el asombro cuanto crece el hábito.) 

La tercera sección, numerada bajo un solo título: “Comarca levantada a un solo grito”, nos muestra un sujeto más omnisciente y simbolista que reflexiona sobre los mismos temas: el vacío interior y el paso del tiempo, con una visión más naturalista y abstracta y menos pasional, aunque no por ello menos doliente. Los objetos y anécdotas de la primera sección se han desmaterializado e integrado en versadas conclusiones vitales.

Comienza con un romance enérgico y pesimista con ecos manriqueños sobre el inexorable paso del tiempo.

Se me tropiezan los años/más adentro, más adentro;/quieren salir a la calle/como veintitantos presos/que se hubiesen levantado/a un solo grito del suelo,/y yo los oigo, y quisiera/callarlos pero no puedo/dominar esta comarca/hasta la altura del miedo.

 Y continúa con nueve poemas, en torno al pasado, al doble filo del recuerdo y a la antítesis esperanza-resignación y cómo se concilian a golpes en los versos.

[Entre aquí sin aviso, como una vena clara/de luz que se ha colado por una celosía,/la esperanza de nuevo/…. ahora que me hace falta/ como a un cuchillo un pecho para ponerse a salvo/del daño de la luz.]              

 [Y que del tiempo nunca se pretenda/el vacío que aún queda de la hoja/proclamando la presencia en la rama.]

[La memoria es un grifo malcerrado/donde el pasado vela.]

[Porque es en la carencia/donde habrá que buscar aquello que perdure;/ vivir de negaciones será entonces lo mismo/que mantener ardiendo, vacío un almacén.]

[… una de tantas/resacas que la vida nos regresa/como pájaros dados por deshechos,…/ Afortunadamente, está el olvido/que hace de aquellos actos copos de humo.]

[Queda asignado/a cada cuerpo un nombre, una noción/violenta que lo llama, lo da uso/como a vasijas huecas llega el agua/sin espantar su cauce/…/Mérito de la luz la permanencia.]

[Pasan muy pronto los años, las horas/son las que pasan lentas.]

[Cómo no/gemir cuando lo que nos pertenece/se desmaya en la voz de la memoria,…/ Mejor que desvanezca, que perdamos/lastre como sudor que se escapase/sin orden, sin cuidado y sin embargo.]

Y culmina la obra con esa aceptación de la propia intrascendencia que trae por fin la paz.

[Quedará el alma tal como queremos:/como alcázar roñoso donde acuden /aves nocturnas, y sin otra treta/que el rumor persistiendo entre sus zócalos/de un vuelo de polillas que se aburren.]

Y para evitar eternizarme con los deliciosos sintagmas, antítesis, imágenes, comparaciones y metáforas (“el abrazo doméstico del moho”), los brillantes retratos de la meteorología, el paisaje castellano y el costumbrismo (“o la lengua del frío deje azules mis labios/como inútiles armas.”); el alto nivel de las citas, siempre pertinentes: Cernuda, Aleixandre, Berceo, Rosales, etc… Me despido simplemente con este inmenso poema de la primera sección y que, personalmente, considero uno de los que mejor refleja el “ethos” de la obra.

Jugaba al tute, está claro.

[JUEGOS DE AZAR

Paso la lengua ahora,

como un cepillo dulce y doloroso,

por sobre aquellos años de caída.

Y de aquel hundimiento silencioso

sólo emerge un rumor, una luz clara

de gastado cartón que se va en forma

de triunfo o de desahucio

mientras dura su vida lo que un latido dura

tras la mano en el pecho.

Qué agradecido

ahora estoy a aquellas tardes de baraja,

entre amadas figuras que emplearon

su valor para mi vida

entregándose al gasto de mis manos:

oros picados como espejos

secos de luz, caballos

cuyos ojos manaban zumos lentos, los venerables

gestos de un rey solo, la mella de una espada,

copas mal desteñidas, la tristeza

de un paje desarmado a punto de anunciar

al condestable que una guerra es perdida…;

 he ahí todo mi salario: cuatro palos

que cada tarde salían a esperarme

el corazón hecho cenizas o isla.

Entonces no había finca

ni patria que me diera calma como esas sombras,

porque ellas

siempre me hablaron más claro que ninguno,

nunca fueron mudez: tras de su paso

siempre llegó cobranza (acierto o amargura).

Jamás hubo silencio en ese tráfico

sino sabia tarifa, eco que se entregaba

de una vez.

Sin levantar ni un humo.

Quiero hoy que sea mi vida

como aquellos inviernos

detenidos en torno de esta industria: montón

de cartas secas,

despojadas de luz pero tan limpias

al fondo de los gestos…

O mejor como ellas, como las propias

cartas siempre en mudanza

dispuestas al adiós; no a la firmeza.

Y quienes abracé en aquellos años

con abrazos sin cáscara, olorosos y limpios,

sepan ya que mi deuda

es tan sólo con la eterna postura

de aquellas figurillas azarosas

porque nadie supo decirme como ellas

lo que iba a ser el sino

fatigoso del resto de mis días:

arrastrar, arrastrar, arrastrar mucho.]

Tomás Sánchez Santiago

solitario

P.S: El autor escribe al final del libro “Las diferentes maneras de escribir que se contienen en el libro no se concilian, por responder a niveles muy lejanos entre sí en la única superficie de la escritura. No se conocen, pues. ¿O acaso una ternilla sutil las enmaroma dulcemente concediéndoles una cohesión que ni el propio poeta sospechó mientras la faena iba tomando tamaño por encima de los rostros deseados, la grima del verano, las esperas inútiles…” Yo estoy por lo segundo ¿Y vosotros?

Miguel Pérez Martín

La tierra con poeta no está muerta

La tierra con poeta no está muerta, por mucho que las sombras soeces de la insignificancia pretendan convertirlo en mero apéndice.

Jesús Hilario Tundidor, hoy viejo apasionado, voz cascada, como la realidad, que a él no le gusta, se ha quedado en soledad, puede que por viejo, con el pendón inmaculado de la poesía zamorana en las manos. Y se ve sorprendido que gente tan importante escriba sobre él.

Lo han hecho (seguro que alguno olvido) Tomás Sánchez Santiago, Natalia Carbajosa, Pilar Celma, Gabrielle Morelli, José Luis Puerto, Rodríguez Tobal, Fernández Benéitez, Fernando Primo, Máximo Hernández…

Por mi parte es osadía. Sepan que no aportaré novedad alguna, me lanzo como lector de su magna obra, de poeta entregado, solitario, tierno y hasta erótico; siempre emotivo, y a la par les cuento una mínima anécdota, que para eso es uno provecto, y las tiene.

Tras la tormenta (Alegoría sayaguesa). Manuel I.A.

Tras la tormenta (Alegoría Sayaguesa) fragmento. Oleo sobre tela M.Iglesias.

A su casa, en la Ronda de Santa María La Nueva, se acercó, hace ya muchos años, un joven reportero, con un magnetofón. Hacía poco que la Diputación había editado su Libro de Amor para Salónica.

Con la bisoñez, que hoy se añora, preparó el reportero la entrevista, pues en los terrenos poéticos pisaba con cojera aquel crítico de cine en formación. Lo cuento así, como de un extraño se tratase. Treinta y tantos años después difícil es reconocerse en lo lejano…

Supe por Campos, Santiago, que prologaba, que aquello era un divertimento lúdico, un recreamiento mayestático de poesía amorosa. Llamé al timbre convencido de que mi ignorancia poética me imposibilitaba en el diálogo ante un premio ADONAIS, un ALAMO, nada menos. Y eso que unos días antes me leí, sin provecho, es cierto, Junto a mi silencio, Las hoces y los días.

Pero todo fue fácil con el buen amigo, grande. Se nos pasó la tarde de septiembre como brisa hacía el mar.

Meses después, a finales de 1981, ya con tranquilidad, ocuparon espacio en mi mesilla de noche Tetraedro, con un poema inolvidable, un upper a mi endeble mandíbula poética; Historia de Hieronimus Boch. Me dejó sin aliento.

Dedicatoria Hilario Tundidor

Dedicatoria de Hilario Tundidor.

Luego, como dejó dicho Robert Walser, poetenleben, el poeta como un mero apéndice, dispuesto como un rio a recibir la tarde. Profundamente eres verdadero y unánime, siguió su camino vital, llevando en el zurrón su ciudad natal, las tierras castellanas y haciendo hueco a la luz del sur. Sin necesidad de recitar los títulos de sus libros, ya con ochenta tacos y la voz re-partida, el Hilario Tundidor antológico está en La fertilidad de los vocablos, (Cuadernos del Laberinto), que recomiendo para perder el miedo a leer poesía, pero sobre todo para descubrir, si no lo han hecho ya, a un tipo cuyo eco verdadero de poeta es su gran humanidad generosa .

 

COMO si nada

hubiese pasado: el aire, la tormenta

Como si no

estuviésemos solos: la gente, el mar

haciéndose…

( Pero ya no existimos,

humedad y verdín sobre nosotros

cae, opaco

cardenillo es nuestra vida, turbia tela

roída, Salónica, vencida ) (…)

Manuel Iglesias