Artistas chasqueadores de dedos

No hay nada más temible para un escritor primerizo que el folio en blanco. Cuando leemos un libro, una revista o un periódico la mayoría de las veces no caemos en la cuenta de que esa página antes fue un espacio vacío y que el responsable de rellenarlo tuvo que utilizar sus conocimientos, sus fuentes de información y su tiempo para elaborar un texto coherente y bien escrito que lo completara con palabras. Ocurre que la mayoría de las veces no nos preguntamos cómo ha acabado una obra siendo lo que es, sino que solo la apreciamos y analizamos cuando está terminada. La damos por hecha, como si todo el proceso intermedio fuera un breve y sencillo chasquear de dedos; y eso es terrible. Terrible porque separa irremediablemente a la población en dos grupos muy distinguidos: los que son capaces de realizar ese sonido con el pulgar y el dedo corazón de una mano de los que no, y la realidad está muy alejada de eso.

La mejor manera para enriquecer nuestra percepción sobre una obra y la complejidad de su proceso creativo es investigar el cómo, e internet nos lo pone muy fácil para responder esa pregunta, de tal manera que podemos acceder a la página web de un autor, al guion de una película, al making of de la misma o hasta las notas que un escritor realizó durante todo el tiempo que estuvo planificando su novela para averiguarlo. Indagando en esos documentos nos damos de bruces con que ese chasquear de dedos no existe, que no hay magia, y que el arte es fruto de un cúmulo de horas destinadas al trabajo más intenso para acabar dando ese producto final que es la obra conclusa. Descubrir que ese proceso intermedio es el más duro, donde el arte deja de parecerlo y en el que hasta la más brillante de las ideas puede ser machacada por el tedio y quedarse en limbo, en el quise y no pude, o simplemente en el no quise, es el primer paso, la primera línea de ese maldito folio en blanco.

Solo comprendiendo que toda labor creativa es un trabajo más, igual de duro que cualquier otro, podremos ampliar nuestras miras y sentirnos capaces de hacer muchas más cosas de las que creíamos. Establecemos nuestra ignorancia como barrera para mantenernos en ese espacio de confort que es la pasividad, cuando solo aventurándonos a tirarnos a la piscina con los ojos vendados podremos testear nuestras verdaderas habilidades, incluso las más escondidas, y ver hasta dónde podemos llegar, aunque acabe con un doloroso y sonoro planchazo.

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El primer paso para salir de ese letargo es olvidarnos de que existe la palabra inspiración en el modo en el que muchos la imaginan. La inspiración existe, no es un mito, pero no llega para iluminarnos acompañada de un coro de voces celestiales, sino que es resultado de un arduo proceso de búsqueda. En ese sentido es justa, y solo acude en la ayuda de aquel que realmente la necesita. El segundo paso es tomarnos nuestra obra como un trabajo y dedicarle el mismo esfuerzo y tiempo a su realización que si de un oficio se tratase. Una obra es todo lo buena que puede ser en función del amor que su autor le profesa, y ese amor se traduce en dedicación; y la dedicación, en horas. Es así.

Hace tiempo escuché de un guionista que el mundo del guion, aplicable a toda la escritura en general, es cruel y duro, pero sorprendentemente justo porque solo se quedan los que valen y los que trabajan. Creo fervientemente que no hay un solo autor de éxito que lo sea por enchufe, sino por esfuerzo y, por supuesto, por valía; pero no hay tantos genios en el mundo como creemos. Es otra engañifa que nos montamos, otro ladrillo más que ponemos en nuestro muro de excusas que separa a los chasqueadores de dedos del resto de los mortales.

Los que no somos genios tenemos que trabajar el doble, pero igual de duro, para conseguir nuestros objetivos. Hasta el más brillante naufragará recién abandonada la orilla si cree que por su condición será más fácil llegar al otro lado. Así, pues, para ir llenando poco a poco ese folio en blanco de letras que nos transporten a otros mundos y a vivir emocionantes historias solo queda sentarse, dejar de procrastinar y currar; y, al igual que con la escritura, con el resto de las artes, claro.

No es ni mucho menos el mejor y más épico cierre para un artículo de este tipo, pero qué esperáis, si para huir vilmente de otra dura tarde de escritura creativa sobre una historia que me sobrepasa y se me cae de las manos como las naranjas de una bolsa sin asas al salir de la frutería decido redactar un artículo para animar a la gente a dejar de perder el tiempo.

Fernando Esbec

Se buscan espectadores, abstenerse aquellos sin posibilidad de abstracción

No es novedad. El arte contemporáneo carece de espectadores en una ciudad como Zamora, donde para casi todo el mundo no existen otras expresiones artísticas que no sean en forma de cuadro o escultura.

En la mayoría de los casos esto ocurre porque artistas sin contacto con el público se niegan a explicar sus herméticos proyectos exigiendo un bagaje cultural a los espectadores, los cuales se defienden sentenciándolo con frases como “¿De verdad esto es arte?”. Pero desgraciadamente, aunque no se produzcan estos dos factores, conectar con el público a veces se convierte en una ardua tarea, tal y como está ocurriendo con “Vestigios”.

El pasado 8 de enero se inauguraba esta exposición en Espacio 36, uno de los pocos lugares donde se puede contemplar arte contemporáneo en Zamora. Comisariada por Alvaro Peréz Mulas, recoge parte de su obra junto con la de otros tres artistas: Ignacio Gil, Pablo de Castro y Nacho Acaso.

Noise. Ignacio Gil

Noise. Ignacio Gil

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Íntimamente público

Hace unas semanas conocíamos la noticia de la venta de un retrato de Felipe IV realizado por Rubens y que durante años se había dado por perdido. Nada más lejos de la realidad, se encontraba entre la colección de algún amante del Arte o heredero de éste que ahora ha decidido ponerlo a la venta en Feriarte. Durante nueve escasos días una obra del ámbito privado dejaba de serlo y el gran público podía disfrutar de ella.

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Esta idea de privado/público es el origen de la exposición que hasta abril podemos disfrutar — con todas las letras — en el Museo de Zamora. “Íntimamente público. Del entorno privado al Museo de Zamora” es la apuesta temporal comisariada con gran acierto desde la propia institución.

Articulada en tres bloques, la muestra es una selección de obras donadas al Museo por coleccionistas privados que han decidido poner al servicio público sus colecciones. “Paisajes privados”, “Archivos íntimos” y “Encuentros casuales” nos hablan de la relación de las obras, piezas o documentos con sus poseedores y su nuevo ámbito.

Paisajes que fueron pintados para una intimidad, para un personaje o personalidad concreta y su nueva relación con lo público. La mirada del ojo ajeno ante un personaje o paisaje sobre el lienzo y su manera de analizarlo públicamente, despojando a la obra toda la carga sentimental o personal que pudo tener. Todo esto se desprende al contemplar uno de los retratos de Gallego Marquina o unas casas de Castilviejo.

Ante la obra se abre un nuevo ámbito: la colección y exposición pública, que dota de un nuevo sentido y de diferentes matices a pinturas que fueron pensadas para la privacidad y que hasta el momento de su donación se configuraban como una parte más de un todo personal.La obra adquiere una personalidad diferente sin perder su esencia haciendo del gran público el beneficiario al poder asistir a un proceso de conservación, investigación y puesta en sociedad de elementos que forman parte de su propia historia.

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Al igual que con las pinturas, los documentos — como cartas y fotografías — y restos arqueológicos, nos sirven de guía en el trazo de la línea histórica. Donaciones como las realizadas por Arnau Basteiro, la familia Tejero o recientemente Isabel Almendral consiguen completar de una manera u otra un álbum histórico del que poco a poco se van completando las páginas, pero sin perder la intrahistoria de cada uno de sus fotogramas.

Javier Martín Denis

Quién es quién

No son pocas las veces que me han hablado o preguntado por un artista contemporáneo de la ciudad – entendiendo como contemporáneo actual – y no he sabido quién es ni tampoco he podido contemplar obra suya alguna.

Como es lógico, no tengo por qué saber quién  es quién en un rompecabezas tan amplio. Pero el problema no radica en conocer o no a un artista, sino en conseguir la manera de llegar a conocerlo a él o a su obra.

En otros ámbitos de la cultura zamorana vemos cómo reina el compañerismo y la armonía entre sus protagonistas. Tal es el caso de los músicos – como recientemente se ha demostrado con el festival en favor de los Baxtards – . Si le preguntan a un músico zamorano bandas o compañeros de gremio éste será capaz de recitar de memoria al menos el nombre de otros diez o quince.

El conocimiento y el apego que se da entre estos últimos no parece existir entre los artistas plásticos, o no al menos entre la gran mayoría. Tal vez tenga algo que ver en ello la concepción del artista del siglo XX/XXI, alejado de unos patrones y también del resto de compañeros en muchos casos. El ego creador, el yo artístico e individualista parecen haber ido haciendo muesca en la personalidad de nuestros creadores. Y junto a ello una sensación, más que justificada bajo mi punto de vista, de desasosiego con respecto a una ciudad que les hace, en cierto modo, darle la espalda a lo que en ella sucede ya que poco o nada van a recibir de ésta.

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Escuela de San Ildefonso de Zamora. Fuente: LOZ

Lo que pretendo transmitir con este artículo es mi intención de lograr una mayor unión entre todos ellos. Lo que propongo puede no ser fácil, pero tampoco imposible. La historia más reciente nos brinda ejemplos de núcleos nacidos de lugares comunes como la Escuela de San Ildefonso surgida en 1947 y entorno a la cual se agruparon artistas como Alberto de la Torre Cavero, Antonio Pedrero o María Teresa Santos. O aún más alejadas en el tiempo las tertulias en el Café Lisboa y en casa de los Heptener conducidas por personajes como el pintor Daniel Bedate, la bibliotecaria Carmen Pescador o el fotógrafo Pedro Somoza. Y sin irnos tan lejos, la Plaza de los Pintores. Gracias a estos  lugares de encuentro nacieron amistades y fraternizaciones que duran incluso hoy y se puede ver cómo el intercambio de ideas llevó incluso a la influencia de estilos entre ellos mismos.

Antonio Pedrero y Coomonte en la inauguración de "Cabezas" en la Biblioteca de Zamora

Antonio Pedrero y Coomonte en la inauguración de “Cabezas” en la Biblioteca de Zamora

Las ideas nacen de la reflexión pero también del intercambio de éstas. Por ello creo necesaria una unión de artistas, tal vez no con una funcionalidad gremial – cuya connotación de defensa de unos intereses comunes podría ser también  beneficiosa – sino como un punto de encuentro e intercambio de ideas.

Sé que entre algunos artistas la idea de unirse o reunirse está presente. Desde Buscarruidos os lanzo el guante.

Javier Martín Denis

Pinceladas de Diego Benéitez

Conocí a Diego Benéitez – Benéitez, como lo conocen en el mundillo artístico – hará cosa de dos años por medio de un amigo abulense – y pintor también – en común. Llegué a él por un amigo, no por ser zamorano y mucho menos por ser pintor, lo cual ya nos habla del momento y la situación que viven nuestros artistas de puertas para dentro. Una situación que para cambiar “faltan muchos años. Gente joven con más inquietudes tan sencillas como ir a un concierto y antes pasarse por una exposición”.

Alejado del estereotipo de artista que encuentra su vocación desde niño, define su carrera como una “coincidencia”, una vía de escape en un momento exceso de energía juvenil que empleó en primer lugar yendo a unas clases de pintura que no le llenaban y más tarde en lo que él define como parte esencial de su vida, el graffiti: “mezclando la ruptura de lo legal que el cuerpo me exigía con la parte creativa”.

ENTREVISTA DIEGO LOCAL

Diego Benéitez en su estudio.

La semilla de las primeras clases estaba ahí y la vuelta a los óleos y los lienzos fue cuestión de tiempo. De las primeras tablas a los últimos lienzos – merecedores de premios en diferentes certámenes como en el del Ministerio de Agricultura, el Clement Muncill Roca o un ya lejano Primer Premio en la Plaza de los Pintores de Zamora – han pasado años y éxitos.

Sin embargo la realidad de artistas como Diego no se corresponde con la situación artística de la ciudad.

La idea de su obra, una pintura casi abstracta donde los elementos figurativos son mínimos – verdaderos paisajes castellanos que graba en su retina –, un vacío habitado, es difícil de explicar en medio de una ciudad condicionada por una cultura y un mercado visual en el que “todo es figurativo con cosas fáciles de ver, lo cual es lógico. Las obras de Semana Santa, por ejemplo, son así. No precisan de una gran reflexión estética. Se necesita una vuelta de tuerca. Atreverse a ver algo que de primeras no gusta, descubrir la tensión en la obra aunque en un principio no nos atraiga y nos resulte incluso fea”.

Este estancamiento estético está ligado a un “envejecimiento de la ciudad y una inclinación por lo tradicional” en vez de una “oportunidad para que los jóvenes puedan subir”, pero no olvida de dónde venimos “esto no quiere decir que no admire a Abrantes, Coomonte o Pedrero, artistas de los que los zamoranos en muchos casos sacamos pecho por el hecho de ser de la tierra y no por la gran importancia que han tenido para la Historia del Arte”.

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Skyline al amanecer”. Acrílico sobre lienzo. 100X81 cm, 2014.

En cuanto a un posible cambio de mentalidad y actitud “sería importante que se renovaran los espacios dedicados al arte o poner en funcionamiento de nuevo la Bienal o un certamen. En mis viajes voy fuera y hay un movimiento. Cuando vuelvo a Zamora veo más posibilidades y potencial y no se hace”, se lamenta “si no reporta nada económico, solo Cultura, la institución no apuesta por ello: “esto qué va a suponer?” preguntan “¿que los chicos tengan un sentimiento crítico e inquietudes?, ¿eso da dinero?” Es una situación muy triste”.

En la actualidad Diego prepara una exposición que tendrá lugar en Zamora en el mes de agosto, estad atentos.

Javier Martín Denis

Entre carteles anda la cosa

Seguro que la escena les resulta familiar: llega el esperado día en que se presenta el cartel oficial de la Junta Pro Semana Santa de Zamora. A las pocas horas, todos los grupos de sus diferentes redes sociales están que arden a cuenta del dichoso cartelito. Hay a quien le gusta el cartel, los menos; a quien le parece horrible, los más. Pero dentro de estos últimos, da igual el año, siempre se encontrará usted con los radicales salvadores de la Semana Santa que, como un mantra, repetirán sus tres frases predilectas. Aquí se las dejamos para que, llegado el día, pueda reconocerlos inmediatamente:

Si alguien de fuera ve ese cartel se le quitan las ganas de venir”: ¿Lo dicen en serio? ¿Pero alguien se cree que, en la era de Internet, un cartel es el que convence a alguien de venir o no? No se ustedes, pero si yo estoy planteándome viajar a conocer otra Semana Santa lo primero que pongo es YouTube. Hay que entender el cartel como lo que es: un elemento de promoción que hace algunos años sí cumplía su función y que el avance de las tecnologías ha terminado por convertir en algo tradicional, un componente estético más dentro de ese todo que es la Semana Santa. ¿O acaso a estas alturas queda gente que no disfruta con los escaparates de la ciudad engalanados? Pues eso.

Pennetier Semana Santa Z

Mi hijo de seis años lo hubiera hecho mejor”: Picasso decía que pasó toda su vida intentando aprender a pintar como un niño, así que a otro con esa milonga. Aunque el cartel pueda resultar sencillo a simple vista, antes de soltar perlas como esa conviene saber que detrás se esconde un proceso creativo, una compleja teorización que llevan a lo trascendente, esto es, nuestro cartel. No quiero aburrirles, pero en otras palabras: para llegar a hacer ese cartel, el artista ha necesitado de un proceso de mucho tiempo, y no hablo del plazo que se da al encargarlo, sino de la trayectoria y formación que el artista va adquiriendo e interiorizando día tras día. Todo eso es lo que “soltará” en el cartel. Además, no olviden que estamos hablando de artistas totalmente consagrados y reconocidos. Por lo tanto, no, su hijo de seis años no lo hubiera hecho mejor. Eso sí, muestreselo y preguntele a ver que le parece ese cartel que tanto detesta. A veces las miradas limpias son las que pueden darle la clave para entender eso que a usted se le escapa. Por otro lado, es cierto que una pintura no creará tanto rechazo siempre que el espectador reconozca lo que ve. Un ejemplo: piensen en el cartel de Fernando Pennetier, probablemente el mejor cartel de cuantos hemos tenido. Ahora recuerden el de Ana Zaragozá. Aunque parezca mentira, el de Pennetier fue denostado hasta la extenuación por una sencilla -y absurda- razón: la mano que ilustraba su cartel no pertenecía a ninguno de los crucificados que sacamos en Semana Santa. Pero Zaragozá pintó a La Soledad con una minuciosidad pasmosa. Ya conocen la historia, éxito absoluto. ¡Cómo si no se pudieran admitir los dos como grandes carteles! En conclusión, ya va siendo hora de que empecemos a educar el ojo.

Cartel Semana Santa 2011. Ana Zaragozá.

¡Que vuelvan las fotografías!”: Perfecto. ¿Cómo oponerse a una buena fotografía? Pero recuerden que un gran cartel es ese que golpea nuestro ojo y nos deja un buen dolor de cabeza tiempo después de haberlo visto. ¿Qué quiero decir con esto? Que si tienen que volver las fotos sean eso, buenas fotos. La época de las estampitas con el esquema “iglesia románica de fondo-paso en primer plano” que tanto nos gustan ya pasó. Son hijas de su tiempo, ni mejores ni peores, pero no podemos quedarnos en eso. Por falta de buenos fotógrafos no será, desde luego.

Como dije antes, no quiero aburrirles. En el tema de los carteles podría haberles comentado lo beneficioso del aumento de patrimonio que supone para la Junta Pro Semana Santa de Zamora ir engrosando año a año una colección de pinturas de los mejores artistas de nuestra tierra. También podría, pero lo dejaremos para otra ocasión, demostrarles que en el tema de la cartelería de Semana Santa a nivel nacional, vamos a la cabeza, siendo la envidia de muchas de las más importantes ciudades del país. Me quedo con las ganas de hablar, además, de aquella primera hornada de pinturas de los años 30, 40 y 50 y me niego a creer que aquella sociedad tuviera más sensibilidad artística que nosotros. Lo dejamos para otro día.

Finalmente, quiero aclarar que mi artículo no va dedicado a aquellos a quienes no les entran algunos carteles por el ojo, es entendible y no tiene nada de malo. Ya sabemos que de gustibus non est disputandum. Mismamente, a servidor, entendiendo que el de Evangelista es un buen cartel, no le gusta. Pero como digo, mi artículo va dedicado a todos aquellos que se erigen como salvadores de la Semana Santa y se dedican a hacer el “anti-cartel”, siendo esa actitud, esa sí y no el cartel, la que mancha y da mala imagen de nuestra Semana de Pasión. Busquen, busquen, por ahí debe andar todavía el dibujo de este año del gran Venancio Blanco con la señal de “prohibido pasar” encima del rostro de su Cristo. Pero no se preocupen, pues el tiempo todo lo distorsiona y dulcifica, y llegará el día en que la mano de Pennetier -y otros tantos carteles despreciados por decreto- se vean como algunos de nuestros grandes carteles. Será entonces cuando esa gente dirá lo mucho que les gustaron en su momento, pero ahí estarán ustedes para apearles del carro. Mientras tanto, dejemosles con su incongruencia, es decir, haciendo anti-carteles y viendo como se les llena la boca diciendo “Zamora, tierra de artistas”.

Ricardo Domínguez Alonso

¿Nuevos Tiempos?

Hace tiempo ya, leí una noticia en El País que nos invitaba a pasar un mes sin quejarnos. Se trataba de un artículo basado en un estudio realizado por Thierry Blancpain y Pieter Pelgrims, en el que demuestran los enormes beneficios que tiene no quejarse de los problemas menores que rodean nuestro día a día. Entre los beneficios se encuentran un aumento de la sensación de felicidad y conseguir alejarnos de aquellas personas negativas que nos hacen infelices.

Pues bien, tratando de seguir los consejos de estos dos amigos suizos y poder aprovecharme de tan suculentos beneficios, me propuse huir de la queja fácil, superflua e improductiva. Y no estoy seguro de haberlo conseguido, pero tras mucho tiempo intentándolo, he decidido quejarme, pero no es una queja superflua o que venga por un pronto.

Supongo que serán muchos ya los que conozcan la denuncia que hacía IU por el pago de casi diez mil euros a una comparsa gaditana en fechas de carnavales.

Si, han leído bien, 10.000€.

¡¡Cómo no me voy a quejar!! Y no es porque piense que no lo valgan, que en ese terreno prefiero no pronunciarme, es por el desprecio que se está haciendo al trabajo de los zamoranos: ¿No sería mejor invertir ese dinero en conseguir un concurso de murgas digno en la ciudad?, o quizás emplearlo en aumentar las cuantías de los premios que reciben los grupos y barrios por sus disfraces y carrozas. Incluso si no se quiere impulsar nuestro carnaval, bien podían ayudar a tantísimos grupos de música que ni si quiera tienen lugar de ensayo o se las ven y se las desean por conseguir conciertos en la ciudad.

En definitiva, no estoy en contra de que venga una comparsa y nos deleite con su arte. Estoy en contra de que el Excelentísimo Ayuntamiento de Zamora le de la espalda al arte creado y recreado por sus ciudadanos, pero sin embargo, pueda costear tan sonoros honorarios de artistas foráneos.

Está claro que a estas alturas esta queja ya no servirá para cambiar la forma de pensar a los autores de ese gasto de dinero, ni tampoco creo que antes lo hubiera hecho. Pero espero que sirva para que los nuevos tiempos políticos que, según se dice, vamos a comenzar, repartan mejor los pocos recursos de los que, según se dice también, disponemos y que los protagonistas de los mismos sean los zamoranos.

Así que, según los suizos Blancpain y Pelgrims, tras esta queja seré un poco más infeliz, pero…Ojú, que a gusto me he quedado.

Arturo de la Rosa