Mascaradas en Zamora, ritos y simbología

“… los bailarines con sus máscaras
danzando una comedia
ajena
al filo de una luna
casi redonda que
visita al Sol,
atenazada”

 Nuria Tesón

 

Suenan los cencerros y las esquilas, golpeando las piedras de las fachadas alistanas, sayaguesas, y la pizarra sanabresa; rebotando como el eco entre los siglos, entre las nieblas. Viene el demonio surcando a los vecinos, dando comienzo a esta fiesta que mantiene el pasado serpenteante entre lo profano y lo no tan profano, como si, a pesar de los años que pasan, el tiempo se detuviera un día al año para recordar que la magia y la simbología ancestral también habitan esta tierra.

Mascaradas_Zamora

La provincia de Zamora cuenta con multitud de ejemplos de “Mascaradas”, denominado así al conjunto de todas estas celebraciones por su común uso de máscaras zoomorfas, pero con tintes y representaciones distintas en cada localidad. Un ejemplo antropológico vivo que integra ciertos símbolos protegidos a través de los siglos, teatralidad festiva y participación de toda la población para marcar el orgullo local y la pervivencia del mismo.

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¡Sigamos haciendo Carambola!

Por segundo año consecutivo la iniciativa Carambola volvió a colarse en la agenda de nuestra ciudad. Con una duración menor, pero con un gran número de eventos para todos los públicos, gustos y colores, no sólo nos ha ofrecido a los zamoranos una alternativa a las sobremesas interminables y a las actividades navideñas habituales, sino una manera de abandonar la propia rutina de nuestra ciudad.

Espacio diáfano de Carambola

Espacio diáfano de Carambola

Pero definir Carambola es una tarea bastante compleja que sería injusto reducir únicamente a una lonja mutante, como su etiqueta indica, puesto que en este local de Pablo Morillo se integran todo tipo de usos, propuestas y mutaciones que permiten dinamizar esta “pop-up store” y cuyo espíritu temporal cambia según las circunstancias adaptándose, como si de un camaleón se tratara, a las diferentes necesidades de aquellos que buscan allí un punto de conexión.

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Everybody swing!

Estados Unidos. Años 20. La economía y la sociedad norteamericana viven un momento de bonanza sin precedentes. Son los llamados “Felices años 20”. Pero todo lo que sube baja, todo se va al traste con el famoso Crack del 29′.

En esta década de procesos y excesos nace el baile conocido como Lindy Hop, una modalidad derivada de la música Swing y de bailes como el Charleston. Con la llegada de la recesión, el Lindy Hop no solo no desapareció sino que cobró aún más fuerza en las dos décadas siguientes convirtiéndose en el perfecto baile anti crisis tanto por su componente social como por su estilo libre y desenfadado. Fueron estos dos factores lo que hicieron del Lindy Hop un baile de propio derecho.lindy-hop-imagen

Su cuna, el neoyorquino barrio del Harlem – más concretamente en el salón de baile Savoy Ballroom – vio cómo el tiempo y los nuevos estilos musicales apartaban de las pistas y salones el ritmo sincopado y libre que había ayudado a superar los peores momentos del gigante americano. Fue sin embargo en los años 60′ cuando, de la mano de Frankie Manning, volvió con fuerza y lo hizo para quedarse.

El regreso fue tan enérgico que de un tiempo a esta parte ha invadido los salones de baile y bares de grandes ciudades como Barcelona o Madrid. Y ahora Zamora, somos así. Es curioso ver cómo de nuevo en un momento de crisis tanto económica como social el Lindy Hop se postula como una alternativa cultural de desinhibición.

Swing Zamora nace como el propio baile, de manera esporádica, rítmica y haciendo mucho ruido. Con una media de 30 personas por “clandestino”, – nombre que reciben las quedadas para bailar –, se está constituyendo como uno de los planes perfectos para los fines de semana.

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Como pasara en el Savoy Ballroom, la principal idea es convertirse en un punto de encuentro donde se aúne música, baile e interpretación, pero sobre todo, donde el componente social sea el ingrediente preponderante. Para participar no hace falta ser un gran bailarín, ni la edad, ni tener pareja, solamente querer pasarlo bien y escuchar música de la buena.
Para saber más sobre Swing Zamora y si te quieres animar a participar puedes encontrarlos tanto en Facebook como por mail en swingzamora@gmail.com.

Let’s swing!

Javier Martín Denis

La eterna juventud de Doña Urraca

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Ayer se celebró en el teatro Ramos Carrión la actuación del 60 aniversario del grupo Doña Urraca, una actuación especial porque unía a diferentes generaciones de bailarines que han pasado por el grupo desde sus inicios hasta la actualidad.

“Ya no me acuerdo de cómo se ponía la gabacha ni la faltriquera”, se escuchaba en los camerinos. Y es que muchas de las personas que ayer se ponían sobre el escenario otra vez llevaban más de 20 años sin bailar. Por eso los nervios se mezclaban con la emoción minutos antes de empezar.

Como la familia que se junta por Navidad, allí estaban (estábamos) todos los urracos. Los nuevos y los de siempre, los de antes y los de ahora, los que levantan más los brazos y los que se ríen a carcajada bailando con su pareja. Todos unidos por el baile, y desde luego los que ya no están pudieron comprobar que esto no se acaba, que aquí todavía queda mucha pandereta que tocar.

Hicieron disfrutar al público de bailes de siempre como La Rueda, Villalcampo, Labradores, Toritos o Las Boleras. Bailes de pandereta como Carbajales, Sanabria o las famosas Botellas, y la gaita sanabresa sonaba en Brincao y Jota de Palazuelo de las Cuevas. El grupo actual también mostró sus últimas incorporaciones como La Rueda de Carnaval o La Polka.

Momento emotivo cuando suena la dulzaina con los primeros acordes del Bolero de Algodre, y mientras se va sucediendo el baile vemos como salen más filas de “boleros”, lo que al final se convierte en un espectáculo de tres generaciones diferentes bailando al mismo son. Alguno miraba para arriba dedicándolo.

Y como no podía ser de otra manera, el broche final fue la jota de Tierras Llanas de Toro, esa jota alegre y divertida que tiene un paso final muy rápido y complicado que lleva toda la vida dejando boquiabierto al público.

Una actuación emocionante con palabras de agradecimiento al final para Miguel Ángel, actual director del grupo, para Rosa Do Barros, antigua directora ya fallecida y para todos los que alguna vez ayudaron al grupo de alguna manera.

Un Ramos Carrión lleno de familias y amigos deseosos de volver a ver a los suyos bailando otra vez, juntos, recordando viejos momentos, y tarareando las melodías que han acompañado su vida.

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Feliz cumpleaños Doña Urraca. Zamora te da las gracias por 60 años de folclore, de tradición y por supuesto por ser unos grandes embajadores de la seña bermeja. Gracias por traer la Europeade a nuestra pequeña ciudad, por recorrer durante tantos años todos los pueblos de nuestra provincia y por descubrir esta tierra por tantos rincones del mundo.

Gracias por toda una vida.

                                                                                           Manuel Rodríguez Gago

Historia de un urraco

Os voy a contar el secreto de por qué tantas personas de tantas generaciones de zamoranos llevan con orgullo el haber pertenecido al grupo Doña Urraca. El folclore, la amistad, los miles de buenos momentos y el crecimiento personal tienen algo que ver en esta historia que lleva seis décadas escribiéndose.

Mi historia, como la de todos, comienza de niño, en una sala de ensayo en la planta baja del colegio universitario. Una sala con un gran espejo, donde una vez por semana acudías a aprender bailes típicos de la provincia de Zamora, donde comenzabas a conocer nombres de pasos como picao o arrastrao, canciones que hablaban de gigantones y zapatos rotos y perdías la vergüenza bailando el cachupín. Una sala donde una mujer, mientras cosía ropa sentada en una silla, examinaba tu progreso y te echaba la bronca si bajabas los brazos o si tirabas la botella al intentar hacer ese infernal paso que nunca te salía.

De repente un día te ponen un traje, y con la ilusión más pura, la de un niño, muestras a un ejército de grandes fans (papás y mamás) los bailes que llevas todo un año ensayando con mucho esfuerzo.

Y un día, tu profesor te dice que vas a ir a tu primer viaje, a tu primera Europeade, el sueño más grande de un niño urraco, conocer el festival al que acuden cada año todos los mayores, esos que ves bailar con la baba en la boca mientras piensas si algún día tu podrás bailar igual de bien que lo hacen ellos.

Poco antes de llegar la fecha, quedas con tus compañeros, que ya son y serán tus amigos, y sentados en el Conjunto Viriato os imagináis cómo serán esos 10 días que vais a pasar juntos, cuánta ropa va a meter cada uno en la maleta, y los nervios de hacerlo bien se te concentran en el estómago. Todavía recuerdo cómo aquellos nervios hicieron que me dejara la camisa y las medias en Zamora, y la cara que puse al darme cuenta cuando llegamos a nuestro destino en Amberes (Bélgica).

Y allí te ves, bailando delante de miles de personas, un sentimiento que jamás puedes olvidar, nada parecido a lo que has vivido en tu vida hasta el momento.

Así van pasando los años de tu adolescencia, entre autobuses y castañuelas, entre charros y jotas, escenarios inmensos y cuestas empedradas, grandes ciudades y pequeños pueblos, desfiles eternos y por supuesto noches increíbles con amigos para el recuerdo.

La manera de ser del grupo, tu manera de crecer allí, la simbiosis entre disciplina, responsabilidad y diversión hace que adquieras una madurez personal especial.

Porque tres paredes y un espejo pueden ser una forma de vida para muchas personas, una forma de forjar amistades eternas, una forma de vivir el folclore como una unión y más allá del simple hecho de bailar, una forma de llevar el nombre de Zamora por el resto del mundo.

En toda historia hay un momento de tristeza, y ésta no iba a ser menos. Aquel día, el día que dijimos adiós a la persona que hizo posible todo esto, escuché el aplauso más sincero, honesto, y agradecido que he escuchado y probablemente escucharé nunca. El adiós a Rosa Do Barros de toda una ciudad y una familia de urracos que siempre tendremos una deuda con ella. La despedimos con aquella dulzaina al son del Bolero de Algodre más triste, y allá donde esté espero que siempre se sienta orgullosa de nosotros como bailarines y personas, al igual que nosotros lo estaremos siempre de ella como maestra de vida.

Hoy todos, Doña Urraca y cada uno de los urracos cumplimos 60 años. Gracias a Rosa por su labor, y a Miguel Ángel por la gran continuación. Porque mientras podamos, sigamos haciendo el picao como seña de identidad, y cuando no podamos, hagamos transmitir a las siguientes generaciones lo maravillosa que puede ser una vida entre tres paredes y un espejo.

Manuel Rodríguez Gago

¿Nuevos Tiempos?

Hace tiempo ya, leí una noticia en El País que nos invitaba a pasar un mes sin quejarnos. Se trataba de un artículo basado en un estudio realizado por Thierry Blancpain y Pieter Pelgrims, en el que demuestran los enormes beneficios que tiene no quejarse de los problemas menores que rodean nuestro día a día. Entre los beneficios se encuentran un aumento de la sensación de felicidad y conseguir alejarnos de aquellas personas negativas que nos hacen infelices.

Pues bien, tratando de seguir los consejos de estos dos amigos suizos y poder aprovecharme de tan suculentos beneficios, me propuse huir de la queja fácil, superflua e improductiva. Y no estoy seguro de haberlo conseguido, pero tras mucho tiempo intentándolo, he decidido quejarme, pero no es una queja superflua o que venga por un pronto.

Supongo que serán muchos ya los que conozcan la denuncia que hacía IU por el pago de casi diez mil euros a una comparsa gaditana en fechas de carnavales.

Si, han leído bien, 10.000€.

¡¡Cómo no me voy a quejar!! Y no es porque piense que no lo valgan, que en ese terreno prefiero no pronunciarme, es por el desprecio que se está haciendo al trabajo de los zamoranos: ¿No sería mejor invertir ese dinero en conseguir un concurso de murgas digno en la ciudad?, o quizás emplearlo en aumentar las cuantías de los premios que reciben los grupos y barrios por sus disfraces y carrozas. Incluso si no se quiere impulsar nuestro carnaval, bien podían ayudar a tantísimos grupos de música que ni si quiera tienen lugar de ensayo o se las ven y se las desean por conseguir conciertos en la ciudad.

En definitiva, no estoy en contra de que venga una comparsa y nos deleite con su arte. Estoy en contra de que el Excelentísimo Ayuntamiento de Zamora le de la espalda al arte creado y recreado por sus ciudadanos, pero sin embargo, pueda costear tan sonoros honorarios de artistas foráneos.

Está claro que a estas alturas esta queja ya no servirá para cambiar la forma de pensar a los autores de ese gasto de dinero, ni tampoco creo que antes lo hubiera hecho. Pero espero que sirva para que los nuevos tiempos políticos que, según se dice, vamos a comenzar, repartan mejor los pocos recursos de los que, según se dice también, disponemos y que los protagonistas de los mismos sean los zamoranos.

Así que, según los suizos Blancpain y Pelgrims, tras esta queja seré un poco más infeliz, pero…Ojú, que a gusto me he quedado.

Arturo de la Rosa