El feminismo en la gran pantalla

Ayer celebramos el Día Internacional de la Mujer, una jornada de reivindicaciones que no debería quedarse en una cita anecdótica en el calendario, sino prolongarse durante los restantes 364 días del año. Ese día tuve el placer de presentar en el Teatro Ramos Carrión la película Sufragistas (Suffragette, 2015), que cuenta la historia del movimiento sufragista en el Londres de finales de siglo XIX y principios del XX, cómo fue su lucha y qué miserias tuvieron que soportar sus componentes durante el proceso. Gracias a esa breve intervención tuve la oportunidad de hablar del feminismo tanto en la propia película como en el cine en general, ya que me parece uno de los grandes medios de comunicación de masas de la actualidad que puede servir tanto para enseñargrandes lecciones como para ayudar a sentar las bases de un futuro más igualitario cambiando algunas de sus tradicionales convenciones.

Acto en el Teatro Ramos Carrión

No pude dejar pasar la ocasión de hablar de cómo en 89 ediciones de los premios Oscar tan solo una mujer ha sido galardonada como mejor directora (Kathryn Bigelow por En tierra hostil, 2008), ni de cómo durante toda la historia del medio la mujer habitualmente ha quedado relegada al papel de florero o de conquista del héroe de turno. Cuando hablo del cine como medio de gran influencia me refiero precisamente a cómo durante décadas todas las niñas han querido ser princesas a la espera de que un repelente y rubio príncipe vestido de azul acudiera a rescatarlas, y eso es una consecuencia directa del machismo que en él impera, que constantemente refleja mujeres incapaces de valerse por sí mismas que tan solo pueden superar las dificultades que se les plantean a través de un hombre que acude valeroso a llevárselas como premio. De ahí las Blancanieves, Cenicientas, Rapunzeles y un larguísimo etcétera.

El machismo no queda enmarcado únicamente en las historias de princesas. Las heroínas y protagonistas de películas siempre han sido una minoría. En su lugar, la mujer siempre ha sido ese icono hipersexualizado que sale en bikini del mar a cámara lenta para dejar al espectador boquiabierto. No sería motivo de queja por sí solo si ese personaje tuviera más sentido dentro de la película que disparar la libido del espectador, pero habitualmente no era así. Hay miles de ejemplos, desde la saga James Bond a cualquier película de aventuras con machito duro ejerciendo el papel de protagonista.

Por desgracia el machismo no siempre es tan consciente e identificable. Películas como las antes mencionadas son incluso necesarias para poder reivindicar un inminente cambio en el séptimo arte y eliminar lo que hasta ahora se ha venido haciendo mal. Me refiero al machismo inconsciente en las historias, aquellas que no quieren pero que irremediablemente van en contra del principio de igualdad. Yo mismo pude experimentarlo en mis propias carnes en un master de guion que cursé hace unos años en el que nos pidieron que escribiéramos una sinopsis de dos páginas para un guion de largometraje. Mis dos compañeras –sí, compañeras– y yo escribimos una historia de un padre de familia incapaz de erigirse en figura respetable en su hogar, lo que acarreaba la pérdida de respeto de su hijo y el desamor de su esposa. Un día, fuera de casa, se veía inmerso en una trifulca de moteros que durante el transcurso de la película cambiaría su personalidad para así, llegado el desenlace de la misma, poder regresar a casa con una actitud fuerte y decidida y así convertirse en ese regio líder que nunca antes había sido. Nunca pensamos en el mensaje de la historia hasta que el profesor la hubo leído, y fue toda una epifanía toparnos con tal descubrimiento, ya que desde entonces somos mucho más conscientes de todo lo que escribimos e intentamos evitar este tipo de mensajes.

Estas películas, como he dicho antes, son mucho más difíciles de reconocer. Si veis una historia en la que hay una protagonista que se enfrenta a un conflicto, se mueve persiguiendo uno u otro objetivo y acaba necesitando la ayuda de un hombre para cumplir su cometido, entonces seguramente estéis ante una película involuntariamente machista. Esto no significa que todas las protagonistas y personajes femeninos de las historias tengan que ser fuertes mental y físicamente y dar mamporros a diestro y siniestro para superar las dificultades por sí mismas, es más, es lógico que en muchas historias veamos personajes débiles, fuertes o en un punto intermedio, porque reflejarán la realidad de la vida, pero sí es exigible que la mujer, primero, no sea un personaje florero que solo existe porque sí, porque “tiene que haber una historia de amor”; y segundo, que no necesite de la imprescindible ayuda de un hombre para superar unas adversidades que por sí misma sería incapaz de vencer.

Jyn Erso, Rogue One

Gracias al progreso, con el paso de los años vemos cómo el medio evoluciona para bien, con el inmejorable apoyo de las grandes compañías como Disney, por citar un ejemplo reconocible. Hace años que las débiles princesas quedaron en el olvido y hoy son mujeres fuertes y decididas las que protagonizan las películas que a día de hoy inspiran a cientos de miles de niños en todo el planeta. Las niñas ya no quieren ser Blancanieves ni Cenicienta, ahora quieren ser Vaiana (Vaiana), la princesa Anna (Frozen), Katniss Everdeen (Los Juegos del Hambre), Rey (StarWars) o Jyn Erso (RogueOne), por citar algunos ejemplos. Mujeres independientes y luchadoras que pelean por combatir las injusticias y hacer realidad sus sueños, una nueva línea que sin duda hará del futuro uno mucho más cercano a la igualdad que el que tenemos hoy en día.

Fernando Esbec

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