De caraculo a caranchoa pasando por Cremades

Menudo final de año nos tenía preparado el 2016 a los españoles. Puro espectáculo. Me lo imagino riéndose viendo cómo se va guardando el karma en un gran recipiente metálico (porque ya forma parte del siglo XXI y tiene que representar la modernidad que en teoría tienen sus tiempos), hasta que en la primera quincena del último mes decide que es el momento de soltarlo. Ha sido entonces cuando nos ha dado a un fenómeno viral como “Caranchoa” y ha supuesto la caída (confiemos que para siempre) del humor castizo de Cremades.

Pero esto es mucho más complejo de lo que parece.

Los que han tenido la fortuna o mala suerte de coincidir conmigo en el espacio tiempo saben que soy profesor de una cantidad considerable de niños de edades dispares. Bien, a pesar de su diferencia de edad, casi todos tienen en común un mismo gusto: Los youtubers. Y este es el punto en el que me quiero parar.

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El entretenimiento ha variado considerablemente en los últimos años. Es un hecho que internet, las redes sociales… Bla bla bla. No voy a soltar esa palabrería que todos conocemos y que nos hace sentir tan ancianos a los de mi generación. Es normal que los tiempos cambien. Joder, es lo más normal del mundo. Mis gustos en la adolescencia no eran los mismos que los de mi madre en la suya, y así sucesivamente. No tenemos por qué darle vueltas a una rueda que ya gira por sí sola.

Y he de reconocer que lo he intentado. He visto vídeos de los más conocidos con sus supuestas mejores gracias; los he visto jugando a videojuegos y haciendo auténticas locuras… Me he llegado a sentir Alex en la Naranja Mecánica, intentando educarme para una sociedad a la que muchas veces tengo la duda de si pertenezco realmente. Pero no me han gustado. No me han hecho reír. Quizás soy yo, que no entiendo su humor o prefiero jugar y pasarme un videojuego que ver cómo lo juega otro. Puede que sea yo el rarito y me haya hecho viejo demasiado pronto. No lo sé, sinceramente, pero no quiero detenerme en mí. El hecho que me parece mencionable es que se ha convertido en una de las profesiones que los más pequeños eligen para sí mismos en el futuro. Y ante esto veo un halo de esperanza en esas próximas generaciones.

Me explico antes de que me linchéis.

Si hay algo que la educación en nuestro país y por desgracia en muchos más ha matado es la creatividad. Nos quieren prácticos y atados a nuestros deberes, rutinas y vicios. Sin salir de ese redil. Y ahí es donde entra Youtube. Ese es el momento en el que chavales normales deciden hacer vídeos y hablar de sus mierdas o hacer lo que sea. Lo que valoro es la iniciativa, la creatividad que implica este movimiento. Por supuesto que al amigo caranchoa no le atribuyo ninguno de estos valores, pero a los primeros youtubers sí. Creo que son, sin quererlo o saberlo, abanderados de una nueva forma de expresión de creatividad que ha activado la mente de los más jóvenes. Digo activado porque llevaba tiempo apagada. Y en eso incluyo a mi generación e incluso a anteriores.

Por supuesto, estadísticamente creo que no serán más de uno de cada diez los que representan ese movimiento del que hablo. Sé que la gran mayoría ya se dedica a copiar a otros y que la esencia de lo que predico se ha perdido, pero de eso tiene culpa la audiencia. Vamos a ser realistas: lo que más visitas tiene, lo que más likes, lo que más retuits… es lo que triunfa. Somos nosotros los que echamos leña al fuego de esas hogueras; nosotros los que llenamos de gas esos globos que se elevan y los elevan al estrellato; somos nosotros los que alimentamos a esos monstruos entre los que destaca Cremades. Bueno en este caso no utilizaré la primera persona de plural si no la segunda. Lo siento pero no me puedo subir a esa religión del humor retrógrado de la cual este hombre es el Mesías.

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Y aunque nos joda, este hombre tiene millones de seguidores y de visitas a sus vídeos. Es cierto que eso no quiere decir que sea un gran humorista con talento o una persona digna de mención, pero también es cierto que nada de lo que he dicho es importante ya. Tenemos la cultura que pedimos. Miento, tenéis la cultura que pedís. La España de Cremades, de Ocho apellidos vascos, de Villaviciosa de al lado, de Cárdenas. El país del humor castizo y cuñadil, machista y basto hasta la médula. El debate es si un chaval se merecía una torta o no y no sobre el por qué el gobierno ha votado en contra del aumento de pensiones.

Pero lo de la demagogia lo dejo para otro día.

Nacho Rodríguez

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