Déjennos hacer

He cogido aire, he pensado, he descansado y he vuelto a coger aire.

He hecho todo lo que me dijeron que hiciera. Soy una persona obediente y, en cierto modo, reflexiva y lo he hecho.

Ahora que yo he cumplido, le toca al resto del mundo hacerlo: déjennos hacer.

La ciudad no se muere, la matamos. Matamos las ideas, las ilusiones, los fogonazos y llamaradas. Las personas.

Pájaro que vuela, pájaro a la cazuela” es nuestro “Marina d’Or, ciudad de vacaciones”, nuestro sino. Personas que deseamos lo mejor, que pensamos de manera desinteresada en la mayoría de los casos para revivir la llama que nunca se debió dejar extinguir. Renovar o morir.

Déjennos hacer, no nos critiquen con falacias, con dimes y diretes y mucho menos con ataques políticos, señores voceros del reino. Déjennos crear sin miedo al cuchillo en la espalda, a los palos en las ruedas y las astillas bajo las uñas. Déjennos soñar y ensoñarnos con una ciudad diferente. Déjennos molestarles para sorprenderles. Déjennos demostrarles que somos válidos, que los jóvenes y no tan jóvenes somos capaces de revertir cualquier situación. Déjennos pensar libremente. Déjennos pensar. Déjennos pasear por nuestras calles respirando creatividad y aire nuevo en vez de podredumbre y hastío. Déjennos saber que están ahí. Déjennos demostrarles que estamos aquí. Déjennos quedarnos. No dejen que nos vayamos.

No dejen que desesperemos. No dejen que nos planteemos un porqué, el porqué es lo de menos. No nos dejen dormirnos y mucho menos, morir. No nos maten. No echen agua en la llama. No nos dejen hundirnos en las arenas de la desidia, de la desazón y el fuego del odio. No nos dejen vender nuestras ideas al peor postor. No nos dejen solos.

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Quédense con lo bueno, de lo malo somos conscientes. Quédense con el instante. Quédense con lo vivido. Quédense con todo aquello que les hace felices y piensen que detrás de esa felicidad ha habido tristeza e insomnio. Quédense con la artesana vendiendo su primera pieza, con el niño agarrando la mano del gigante, con la anciana bailando en el balcón de al lado o con la palmadita en la espalda en la primera exposición de un artista joven. Pero sobre todo, quédense con nuestras ideas, porque si no nada tiene sentido.

 Quédense con lo que hacemos, no nos dejen no hacer, pero, sobre todo, déjennos hacer.

Javier Martín Denis

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