Morera Reggae Vibes… Again

Y en esto llegó septiembre… Casi de repente, así sin esperarlo. Pero sí, llegó septiembre.

Un mes raro, de transición. Una especie de tregua para adaptarnos de nuevo a la rutina.

De pronto, la ciudad comienza poco a poco a recobrar el pulso perdido tras el coma inducido del bochornoso verano mesetario. El calor amaina y paulatinamente van regresando a la urbe los que finalmente agotaron sus vacaciones en un destino más o menos exótico, los exiliados económicos, que se han pasado los meses de verano sirviendo copas en alguna terraza o trabajando en algún camping de la costa y los exiliados interiores, que huyeron del calor y el tedio zamorano para refugiarse en el frescor etílico de los pueblos y sus verbenas. Vuelven también los estudiantes, para preparar sus exámenes de recuperación y el inicio del curso y todos ellos conviven en perfecta armonía con turistas de visita relámpago y con los afortunados que aún disfrutan de sus últimos días antes de incorporarse a la monotonía laboral. Con esta inyección de vitalidad, las calles y bares recobran algo del bullicio perdido y la ciudad rejuvenece. Si a esto unimos los festejos de la santa patrona, el mercado medieval, el Kaneko Rock, los conciertos de La Cueva y alguna iniciativa tan interesante como el FestiBalc, nos encontramos con que durante el mes de septiembre, concentrado en un breve lapso de tiempo, Zamora vive un período de efervescencia vital y cultural de la que el resto del año adolece.

En este contexto, enmarcado en las fiestas del barrio de Olivares, tuvo lugar el sábado 10 de septiembre la segunda edición del Morera Reggae Vibes. ¿Un festival de reggae en Zamora?

Foto: Alba Sánchez

Foto: Alba Sánchez

Pues sí, ¿por qué no? Acaso a principios de los´80 desde el frío y húmedo norte no se reivindicaba una Esukadi Tropical de la mano de grupos como Potato, Hertzainak y Kortatu. Bueno, pues aquí tenemos a los Zaskandiles, la Pull Up Reggae Band y a los Buffalo Soldiers.

Por tanto, exigimos lo mismo, pero desde orillas del Duero. Esto no es Jamaica, ni el Llobregat. Aquí no hay palmeras, ni radioactividad. Pero el reggae, los sonidos sincopados y la Yerba del Rey gustan…Y mucho. Así que, esperando encontrarme con el mismo ambiente y buena música de la anterior edición, me encamino hacia el barrio de Olivares en busca de la Positive vibration.

Foto: Alba Sánchez

Foto: Alba Sánchez

El Morera es un festival único en Zamora. Ubicado en una magnífica localización, muy bien organizado y con multitud de actividades dirigidas a todos los públicos. Sin embargo, uno de los aspectos que más me gusta del festival, que nada tiene que ver con lo musical, es la apropiación de los espacios públicos por parte de vecinos y gente de todo tipo de pelaje. Así pues, durante el Morera resulta de lo más normal encontrar en un mismo espacio y conviviendo en perfecta armonía a vecinos disfrutando de la jornada de festiva del barrio, jubilados a la fresca, familias que llevan a sus niños y niñas a los talleres y junto a ellos, lo más granado de la contracultura zamorana.

Y allí estaba yo, dispuesto a no perderme la nueva edición del festival más tropical de la ciudad.  

Desde media mañana y parte de la tarde se sucedieron las actuaciones y actividades programadas previas al plato fuerte de los conciertos nocturnos. Dieron el pistoletazo de salida al festival con una potente sesión vermú los Buffalo Soldiers. La suya fue descarga rítmica bien ejecutada de buen reggae aderezado con algún guiño al ragga y a los ritmos souleros, actuación que sirvió para abrir boca de cara a lo que se avecinaba a lo largo de una larga e intensa jornada de sábado. El otro señuelo de la sesión y el complemento perfecto para el vermú matinal fue el grupo de microteatro ContraTiempo. Una compañía austera en su puesta en escena que presentó sus Cuentos para Lelepípedos en tres apasionadas sesiones en las que pudimos disfrutar con sus pequeñas obras, tan concretas, secas y precisas como un directo a la mandíbula.

La tarde, pese a las actuaciones vespertinas de ContraTiempo, quedó huérfana de música, pero no de actividades, puesto que se desarrollaron con éxito de participación talleres de skate, malabares y cuentacuentos. Aún así, la gente mataba el rato como podía esperando los conciertos de la noche. Algunos participaban en los talleres, otros se arrimaban a la barra a trasegar cerveza y mucha gente se acercaba a curiosear entre los puestos del mercadillo donde abundaba la segunda mano y los puestos de ropa, artesanía, abalorios y demás complementos que harían las delicias de cualquier hippy de bien. Pero como siempre sucede en los mercadillos, más curiosos que potenciales compradores. Sin embargo, el mejor acicate de la tarde era ir sorteando los grupos de gente que poblaban el césped del parque, saludar a los amigos, conocer a gente nueva, echarte con ellos unas cervezas y recurrir a la demagogia cuando no sabías qué decir. La grandeza del ritual social.

Foto: Alba Sánchez

Foto: Alba Sánchez

Por momentos aquello me recordaba a una mezcla entre una una tarde de pradera post-romería y escenas del Verano del Amor del 67: familias de padres más o menos hippies, niños desnudos jugando por el parque, animales sueltos correteando entre gente con la cara pintada, corros de colegas fumando de tó. Vamos, como Woodstock, pero con menos melenudos, menos conciertos, menos LSD y menos barro…Y así, entre charlas, cervezas, bocadillos de panceta, pruebas de sonido y la sesión de Green Rockers pasó la tarde. Ya prácticamente de noche abrieron fuego los canarios Picaretas Reggae, grupo tributo a Bob Marley & the Wailers que han pisado las tablas del escenario Showcase en el  Rototom Sunsplash 2015 y que para mí, fueron lo más destacado del festival. Joder, es que creo que Bob Marley es una parte importante de la memoria sentimental de la adolescencia y juventud de gran parte de los que allí nos congregábamos, así que jugaban sobre seguro. El público empezó algo frío mientras sonaban temas como Black survivals, Kinky reggae, Satisfy my soul…Aquello poco a poco se iba calentando y seguían cayendo temazos como Exodus, Jamming, Kaya, One love, Could you be loved… Pero verdadero el clímax de la actuación llegó de la mano de dos grandiosos temazos de Toots & the Maytals que desataron la locura y el desenfreno: 54-46 (was my number) y Monkey man.

Para entonces aquello era un jodido desparrame fruto del exceso etílico y cannábico, con un público que terminó convirtiendo el parque de Olivares en una auténtica Punky reggae party…

Una vez finalizado el concierto de los canarios y tras unos minutos de espera, salieron al escenario otra de las grandes propuestas de la noche, Mediterranean Roots, recién llegados desde Valencia con sus canciones y un nuevo EP, adelanto de su nuevo disco Dejando huella. Los levantinos llevan varios años en este negocio y su buen hacer les ha llevado a actuar en varias ediciones de festivales del calibre del Rototom y el Viña. Aterrizaron en Zamora para ofrecernos una propuesta musical que se decanta por la corriente heterodoxa del reggae, muy alejada de los estándares clásicos del sonido sincopado jamaicano y más cercana a los contenidos del hip hop. Su compromiso quedaba plasmado en unas letras bastante políticas y muy certeras en sus dardos, pero que también dejaban espacio a la diversión y el baile. En su actuación mezclaron gotas de jazz, reggae y rock con mucho hip hop, sonando temas de su repertorio como Rude boy, Despierta, Bajo el mismo sol, Fluye, Dejando huella, Niños de la calle, Déjate llevar…

El caso es que a esas alturas de la noche yo ya estaba pagando los excesos de toda una jornada de campo y como el grupo no me acababa de convencer, porque en esto de los sonidos jamaicanos soy un clásico, decidí dar un paso atrás, alejarme de la multitud y tener una mejor perspectiva del festival. Desde mi privilegiada azotea en un banco del parque pude disfrutar de otro de los grandes alicientes del festival, su esplendoroso entorno. A un lado, las vistas nocturnas de la ciudad, al otro el río y el iluminado Puente de los Poetas…En medio de tan bucólica escena se desarrollaba el absurdo teatro de la existencia: parejas que se aman, parejas que se odian, jóvenes vomitando, adolescentes pidiéndome tabaco…la vida mismo abriéndose paso a dentelladas. Ya recuperado, decidí volver para disfrutar de los últimos temas de Mediterranean Roots y de lo que aún quedaba de fiesta. Una vertiginosa recta final que tendría como protagonistas a los Dj´s.

Tras el breve descanso de rigor entre actuaciones salieron a escena dispuestos a darlo todo Roberto Sánchez y Charlee Brown, quines contaron con la colaboración de Inés Pardo que metía sus rimas y todo su buen hacer vocal sobre los sampleos de Mr Brown. El resultado final, una muy completa sesión de groove jamaicano que sirvió para que todo el mundo fuese incapaz de estar parado ante tal avalancha de sonidos baliables. En este último tramo del festival, tras el buen sabor de boca que dejó la actuación de SB&Pardo, hubo tiempo para unas palabras de agradecimiento por parte de los organizadores, que no dudaron convocar a todos los asistentes para la siguiente edición del festival mientras algunos regalos volaban por el aire y otros caían de los árboles…

La fiesta tocaba a su fin, sin embargo, los últimos supervivientes de la jornada aún tendrían tiempo todavía para bailar hasta caer exhaustos gracias al ritmo que imprimieron desde su platos los Dj´s Pappa Cruz, Asimov y Pilatti Selectah. Parecía imposible después de tantas horas de música, pero tras superar algún que otro problema técnico llevaron adelante una intensa sesión de ritmos endiabladamente abrasadores y lograron mantener viva la última llama del fuego que esa tarde había arrasado la pradera.

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Foto: Alba Sánchez

Fotos: Alba Sánchez

La música dejó de sonar a orillas del Duero y el Moreras terminó. Era tarde, muy tarde y mientras emprendía una infructuosa peregrinación en busca del último bar abierto de la ciudad, me dí cuenta del verdadero motivo por el que la gente acude a este tipo de eventos festivo-musicales. El festival es la excusa, el reclamo. Lo importante, lo que realmente buscamos es el encuentro. El articular relaciones en torno a la música. Así que hasta el próximo Morera Reggae Vibes, compañeros.

David MR.

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