Furia Trinidad: Tormenta en el desierto

La tarde anunciaba tormenta. Ese plomizo cielo otoñal no presagiaba nada bueno. Encima era sábado y no tenía plan. Mientras paseaba por las calles tomé la sabia decisión de que no hay mejor plan para un día sin plan que acudir a un concierto. Eso pensé el sábado, justo cuando pasaba por delante del Avalon y ví anunciada la actuación de Furia Trinidad para esa misma noche.

Mi segundo pensamiento, tras ver la campestre foto promocional, fue: vaya, otro grupo más de country-folk con dulce cantante femenina y melodías primaverales para alegrar el día…             

La ignorancia y el desconocimiento siempre conducen a valoraciones poco acertadas.

Porque pronto me daría cuenta de que me había equivocado. Y es que como sabiamente cantaba el señor Bo Didley: no puedes juzgar a un libro por su portada…Pues Furia Trinidad, procedentes del Puerto de Santa María, nada tenían que ver con luminoso folk californiano.

La banda gaditana, liderada por Goli SuperSummer y Nur Wong, ambos voz y guitarra, aterrizaba en Zamora en plena gira de presentación de su segundo álbum,“She and the sunshine”, reverso tenebroso de su potente y aclamado debut “Listen to Phenomenal Western Rock Combo”.

Furia Trinidad, con su nombre de forajido de spaghetti western, poco tiene de melodías folkies y delicadeza campestre. Lo suyo es otra cosa. Algo más oscuro, más espeso, más atávico y más peligroso. Su sonido fronterizo es como una tormenta en el desierto. Arenosos, hipnóticos y electrizantes. Remiten a Los Coronas, pero resultan mucho más densos, sombríos, perturbadores y atmosféricos que los madrileños. Son como una resaca de tequila después de pasar toda la noche tomando en la peor cantina de Tijuana. Lo suyo es un cóctel de sucio rock garajero, surf y sonido fronterizo. Algo así como mezclar Calexico con Link Wray, Kyuss, The Cramps y Los Coronas.

Abrieron fuego con I´m a man, una especie de swing fronterizo con un evidente aroma tex-mex y una indudable carga de electricidad. La cosa sonaba bien, pero no podía imaginarme la avalancha sonora que se avecinaba. Continuaron con Shake it, un canto al indio Arapahoe que de inmediato te trasladaba al Apache de Link Wray. En esta canción el protagonismo vocal recaía sobre Nur, una gran guitarrista que, pese a su estampa de fragilidad, parapetada tras su celeste Fender escupía rabia en cada uno de sus riffs. En este tema demostró que podía ser melódica y delicada, pero la mayor parte del concierto se mostró enérgica y correosa. El concierto iba subiendo en densidad y potencia de la mano de Money, otra composición más con aires de frontera. Una canción que emana locura, calor y sudor. Una turbadora pesadilla dotada de una tensión creciente que desemboca en un explosivo final pleno de feedback y distorsión guitarrera, con el grupo totalmente desbocado.

Foto: Furia Trinidad

Foto: Furia Trinidad

La banda sonaba a mil demonios, perfectamente engrasada, con un batería preciso y contundente, un bajista sobrio, unas guitarras crudas y con Goli mostrándose como una auténtico animal de directo. Se arrastraba, se contorsionaba, aullaba, bailaba entre las primeras filas…

Parecía poseído por el espíritu del chamán. Así que para rebajar un poco la tensión que cargaba el ambiente versionaron You and I, de Wilco, reposada, tranquila y nostálgica. Dulce a la par que amarga. Como el recuerdo de los buenos tiempos pasados que ya nunca volverán.

El único momento de tregua de toda la noche. La calma que presagia la tempestad.

La descarga siguió su curso con un recuerdo de su paso por la  Isla de Reunión, un trallazo de rock and roll demente cantado en español. Después sonó uno de sus mejores temas, Leave you tonight, hipnótica, profundamente lírica y desoladora. Continuaron con la turbia Feeling Alone y sus cantos de guerra indios, seguida de la instrumental El chile de la muerte, con la que pusieron un elegante y épico toque de melodía chicana tabernaria. Y entonces llegó el momento álgido de la noche.

Sonó Push loop y me dí cuenta que aquel grupo no sonaba a nada parecido que hubiese escuchado antes por aquí. Aquello era algo fuera de lo normal. Una canción desquiciadamente eléctrica, machacona y psicótica…Te entraba en la cabeza y no podías despegarte de ella. Era ondulante y lisérgica. La banda sonora de un mal viaje de peyote en el desierto de Sonora.

Tras el intenso clímax, parecía que con la brutal y volcánica furia de Kai Lenny ponían punto y final a su grandiosa actuación. Pero no…Aún quedaba por sonar Detroit, con la que cerrarían después de una intensa demostración de energía desatada y poderío sónico.

Salí del Avalon aturdido, anonadado, exhausto… pero con una sonrisa en mis labios, porque había sobrevivido a la tormenta. Me sentía como el único afortunado que había logrado salir con vida tras atravesar polvorientas carreteras para pasar una noche de borrachera en la Teta Enroscada, el prostíbulo de Abierto hasta el Amanecer.

David M. R.

P.D. Si regresan a Zamora, no se los pierda. Merecen la pena.

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