Cuatro maneras infalibles de desengancharse de internet

Gracias a Yagüe Producciones y a Kendosan, el pasado viernes pudimos asistir a la primera terapia para desengancharnos de Internet que se celebra en Zamora: “Comedia multimedia”. No se trataba de charlatanería ni de un ejercicio de coaching al uso, qué va, era una demostración de que se puede vivir y sentir sin la necesidad permanente de estar colgado de un teléfono móvil, de una línea de wi-fi, de un acceso a Internet a velocidad supersónica.

Foto: Facebook Comedia Multimedia

Foto: Facebook Comedia Multimedia

Se llama teatro. Teatro, así, con mayúscula.

Y la terapia propuesta se resume en cuatro claves cuya eficacia está demostrada por la ciencia según los estudios de la Universidad de Alabama, amén de diversas estadísticas.

  1. Compre su entrada:

Puede resultar obvio, pero para disfrutar de esta terapia de desconexión que de ahora en adelante llamaremos teatro, es necesario comprar una entrada. Sería necesario, no obstante, llenar el Principal hasta el gallinero, pero dejemos este escabroso asunto para otro momento. Una entrada justifica una hora y media de desconexión absoluta, acompañada de más bondades que no podrá disfrutar de otro modo: música en directo, actores de primer nivel, versiones originales, puesta en escena envidiable y, por qué no, de una excusa para reflexionar en la oscuridad de la sala, sin que nadie le vea, sin que el tipo de al lado piense que es usted una persona débil.

  1. Silencie su terminal:

La palabra terminal está elegida con cierto tono de ironía, terminales somos todos los que preferimos mirar una red social antes que una buena conversación. Quienes olvidamos mirar a los ojos a nuestra compañía por estar inmersos en una realidad virtual, paralela, que sirve para poco en la realidad de la calle. La más auténtica, aunque no lo sea 100%. Generamos datos en Internet. Muchos datos. Ingentes cantidades de datos –big data lo llaman los expertos del coaching-, con los que somos guiados por el buen camino. El de las compras y el pensamiento infantil y reducido. Así nos convertimos en ciudadanos acríticos, maleables y enfrentados a otros como nosotros que, oh, desgracia, pueden opinar distinto.

  1. Reflexione:

Es gratis, aunque no es cómodo. Somos ciudadanos seguros de nosotros mismos que no estamos dispuestos a cambiar de idea, que no nos enfrentamos a las opiniones diferentes para que no nos tiemblen las piernas. Si, por un momento, con el móvil apagado y mirando fijamente al escenario, descubre que, a lo mejor, sus hábitos son cuestionables, abandone la sala. Hágalo rápido, antes de que sea demasiado tarde y la semilla del humor y el sarcasmo le contagien.

3b. El antídoto:

Afortunadamente, existe un antídoto. Varios espectadores consiguieron, tras apagar el teléfono y atender como quien atendía al maestro de sociales, no sentirse incómodo ni esbozar sonrisa alguna. No se sintieron aludidos en ningún momento. No entendieron las escenas memorables como cuando Mark, Bill y Steve pescan en un metafórico río de consumidores. Ni cuando, emulando una reunión de alcohólicos anónimos, se reían de muchos de nosotros. De mí el primero, preso de los romances medievales como uno de los actores. Una demostración de lo ridículos que podemos llegar a parecer en determinadas ocasiones.

  1. Huyan:

Si regresa una obra dirigida por Yayo Cáceres por estos lares, no se le ocurra verla, su salud mental está en riesgo. También su ideología, su risa, su pensamiento crítico y sus relaciones sociales (mucho ojo con quien visita los teatros). Pocos directores hay tan capaces en el panorama actual para construir obras tan sólidas, divertidas y reflexivas como él. Es cierto que siempre se rodea de un puñado de actores estupendos (en este caso: Jacinto Bobo, Fran García, Inma Cuevas y Francisco Carril). Que la habilidad para la dramaturgia de Álvaro Tato está fuera de toda duda después de propuestas como Cervantina. Y aun así, ese gusto por el teatro musical y la diversión, le convierten, si no en uno de los grandes, sí en uno de los necesarios.

Yayo Cáceres. Foto: Facebook Comedia Multimedia

Yayo Cáceres. Foto: Facebook Comedia Multimedia

Y es que, como rezaba el programa de mano, todos amamos la tecnología, todos la necesitamos, pero… ¿Quién controla a quién? Y no, no estoy copiando. Se llama hipertextualidad, pero de eso hablaremos otro día.

David Refoyo

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