Su pasión de abismo

“A la estulticia humana” dedica Jesús Hilario Tundidor su gran poemario “Tejedora de azar”. No vamos a negar que es un tema que da mucho que hablar a los poetas.

Un poemario que se me hace difícil determinar, desde el color grisáceoverdoso de su portada (en esto influye mi daltonismo) hasta en su temática y estilo, por cuanto es un poemario en el que, como recoge el propio autor en el subtítulo (“poemas exentos”) y en la nota introductoria “Palabras preliminares”, trata de poemas reunidos pero independientes entre sí.

Cuando lo tienes en la mano por primera vez puedes pensar que te lo ventilas en tres cuartos de hora. Error. Es una lectura densa y exigente con el lector, en la que prima lo intelectual sobre lo emotivo, que aparece a ráfagas cálidas y esporádicas. Junto a Apolo, Eros, Deméter, Perséfone, Artemisa (que ha cazado una sección para ella sola) viajamos por un entramado de visión cósmica, a veces naturalista y a veces fieramente humana, introspectiva, en la que la levedad de las palabras va pesando al reunirse. El autor vindica la palabra como elemento fundador del poema y del lenguaje y la explota con paladar exquisito y selectivo. Si no tienes que tirar de diccionario en su lectura puedes sentirte muy orgulloso de tu vocabulario. Un libro para leerlo despacio, saborearlo y reflexionar.

portada

El cuerpo de la obra se divide en dos libros, el primero con cuatro secciones, y un poema final. Abre boca un homenaje a Fray Luis de León, “sedentario habitante del espíritu”, gran poeta al que admira el autor, y yo y casi todo el mundo al que le guste un poquillo esto. De él “aprendí que la Poesía es inteligencia, emoción, intuición y lenguaje” nos dice Tundidor en las palabras preliminares.

La sección A, que da título al poemario, comprende siete poemas que reflexionan acerca del ser, la ontogenia, el pensamiento y el conocimiento; y de la palabra como ente que busca alcanzarlos o crearlos, quién sabe. “Inaudita vehemencia de inquirir en lo oscuro” sabiendo quees lenta, que es casi torpe la sabiduría.”

La sección B, “Poemas casi mitológicos con mar” contiene dioses griegos y paisajes a partes iguales. Nos encontramos un sujeto lírico menos omnisciente y cuyas reflexiones ya no lo ocupan todo aunque sigue estando presente el interés por el conocimiento, la inteligencia y la palabra.

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No sé qué les falta para ser mitológicos pero desde luego no les sobra nada.

La sección C, “Artemisa” nos muestra en ese simbolismo la búsqueda y la convocación: “El entusiasmo crea su cónclave en penumbra./…/…argolla/ de la sangre sobre la que penetra un asfalto/ hecho para la inútil deserción del vacío.”

La sección D, “Son sonetos”, creo que podréis adivinar de qué va. Seis poemas, ochenta y cuatro versos, formalmente impecables, de los que destacamos este por ser totalmente buscarruídico en el amor a Zamora y su arte.

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El segundo libro comprende una poesía cotidiana y apegada a hechos más concretos, como un cuadro de Miró. Los títulos nos enclavan en situaciones que el sujeto lírico va expandiendo hasta alcanzar reflexiones universales, como en el poema “Subida al Monte Carmelo.”

Concluye con un poema final, “Viaje para un novilunio”, un poema en prosa construido con paralelismos para cerrar un poemario magnífico. Un poemario que si quieres leer y aprehender, vas a necesitar usar algo que el autor vindica desde un principio: “Hosco horizonte donde cae la vida con su pasión de abismo, tejedora de azar: inteligencia.”

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