Nuestro casco antiguo es una ruina

Si hace unos meses Manuel Delgado nos adelantaba en el Museo Etnográfico que la historia está desapareciendo de los cascos históricos de las ciudades sin hacer referencia a ningún caso en particular, el pasado miércoles Rafael Ángel García Lozano en la I Jornada para el debate: patrimonio y mundo rural dejó claro que nuestra ciudad no es una excepción.

El título de su intervención ¿No hay más monumentos que demoler? ya lo advertía: quería provocarnos, removernos, no dejarnos indiferentes y supo cómo hacerlo. Una ponencia magistral que dejaba regusto amargo, porque la verdad duele y cuando pertenece a uno mismo más aún.

Puso en evidencia una mala gestión y un gran desconocimiento a base de una enorme recopilación de imágenes, regalándonos numerosas instantáneas y anécdotas del “antes ” que desgraciadamente han pasado al olvido (¡qué pronto cicatrizamos y nos acostumbramos a lo nuevo!) Supo enseñarnos la otra cara de la ciudad, una Zamora que vemos todos los días pero en la que no estamos acostumbrados a mirar, donde edificios de gran valor histórico o simbólico han sido demolidos y cuyo último ejemplo ha sido hace unos meses con el derribo de la Capilla del Hospital.

Algunos de los solares vacíos en el casco histórico

Algunos de los solares vacíos en el casco histórico

Nos mostró una ciudad que sigue creciendo hacia el este sin conocer su verdadero origen (literalmente) y un casco histórico que se vacía, porque en la mayoría de los casos el problema no es lo que se construye en el ” después”, sino lo que queda: ausencias, solares vacíos a la espera de una nueva historia. Una historia que nosotros mismos les hemos arrebatado y hemos dado por concluida con nuestra incultura y desconocimiento.

Esa falta de vida del casco histórico que, con su escuela de arte trasladada y su escaso mantenimiento en zonas como el Castillo, se convierte en una reserva natural, como defendía Delgado, para el turista que va al acecho del lugareño sin éxito.

Ponencias “dolorosas”, pero necesarias, que nos obligan a preguntarnos si realmente estamos haciendo bien las cosas en nuestra ciudad, si la observamos y valoramos lo suficiente, porque aunque a veces traslademos las responsabilidades a la esfera política, no se nos olvide que una ciudad viva la componen las historias de las personas que viven en ella y son éstas las que deben ayudar a repensar la historia de la misma.

Laura Alaiz

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