Jaula de Lobo(s)

La falsa creencia de la estanqueidad de los museos ha derivado en el nacimiento de grandes contenedores de arte y objetos. En cementerios de elefantes o cámaras de maravillas – kunstkramer– al modo de los grandes reyes europeos para su mayor vanagloria.

La bonanza económica trajo consigo el llamado boom del ladrillo no solo reflejado en la construcción de hileras de edificaciones en serie, la cultura también fue su víctima. ¿O se benefició de ello? Cuando como beneficio de algo se obtiene la casi catarsis es difícil hablar de provecho y, en ocasiones, es preferible morder la mano que da de comer a seguir lamiéndola puesto que es lo único que vas a conseguir llevarte a la boca.

Las recientes noticias de la posible creación de tres espacios para el arte en la ciudad incitan a situarse en el lado pesimista de la situación. Los precedentes nos llevan a serlo. En primer lugar la viajera obra de Baltasar Lobo parece va a tener una nueva sede de exposición. En segundo, la propuesta de uno de los grupos municipales de crear un museo/sala de exposiciones para artistas zamoranos. Y, en tercer lugar, la creación/ampliación/loquesea del museo de Semana Santa, tema que dejo en manos de otros más doctos en estos lodos.

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Desconozco si para todos ellos ha sido pensado un plan museográfico y museístico serio y no solo en la exposición como “colocación en un espacio de objetos varios y maravillosos” –como en las kunstkramer-. De lo contrario estaríamos hablando de un contenedor sin sentido. La experiencia, poca pero variada, me lleva a pensar en las dos opciones posibles: o bien se cumplen mis presagios o todo lo contrario.

El caso del actual Museo Baltasar Lobo es el ejemplo clarividente de ello. Una solución en principio suficiente pero que con el tiempo ha revertido en una situación algo menos que insostenible donde el estudio y la investigación de la obra han pasado a un segundo –siendo optimistas – lugar. Recordemos que el valor de un artista y su obra se lo otorgan el tiempo y la distancia, pero también el volumen de estudios que sobre él se publiquen. Prueba de la inoperancia científica de un museo de este tipo es la casi total inexistencia de una bibliografía surgida desde la propia ciudad, más allá de los estudios de la profesora Bolaños y alguno más, y la total ausencia de una publicación seria desde la institución. Más que de un lugar para la universalización del artista nos encontramos ante lo que parece ser una jaula de donde nada debe escaparse.

En lo que a la sala/museo de artistas zamoranos respecta podemos tener una solución similar a la vivida con Lobo, pero peor. La exposición de una obra conlleva toda una serie de trabajos, medidas y obligaciones que en muchas ocasiones las instituciones no tienen presente y que, a la hora de enfrentarse a ellas, se niegan a asegurar. Las condiciones mínimas para una exposición son las mismas que darán la verdadera dignificación al artista que expone. De nuevo, y hablando desde la experiencia, quiero equivocarme y que esto no sea así. Comisariados, transportes, manipulación de obras, montajes, didácticas, etc. se mezclan en lo que verdaderamente debe ser una exposición digna y no el traslado de obra de C para su muestra en D y vuelta a C.

Frases como “si quiero tengo a diez artistas aquí exponiendo sin ningún tipo de exigencia” o “conozco a comisarios que me lo hacen gratis” suelen salir de personas ligadas a instituciones acostumbradas al mundo de la prostitución profesional y al absolutismo de “la Cultura soy yo”. Pero ese es otro tema que da para varios artículos. O libros.

Como vengo diciendo, espero equivocarme en este artículo y que, hablando claro, alguien me dé en las narices con proyectos que den la verdadera importancia al contenido y a su creador. No habrá golpe menos doloroso.

Javier Martín Denis

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Un comentario en “Jaula de Lobo(s)

  1. Guillermo dijo:

    Yo creo que los museos, como lugares físicos donde se guardan, estudian y se difunden colecciones, hoy día, están muertos. En un momento en el que se pone en entredicho la necesidad de la presencia física en casi todo; las ciudades tienen que pensar no en un museo, sino en una institución sin un espacio (pero que ocupe un lugar en la comunidad), sin obras (pero con contenidos temáticos) sin personas (pero si con acciones permanentes)

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