E fazer do mundo algo maravilhoso

Como diría Homer Simpson, “la gente se inventa estadísticas con tal de demostrar algo, y eso lo sabe el 14% de la gente”. Por eso podemos sostener que, según un estudio de la Universidad Winston Churchill de Twitter, el 80% de las personas que dicen la frase “Oh, me encanta la música clásica – bossa nova – Ludovico Enaudi – bandas sonoras en general” automáticamente la acompañan del inseparable “es que me relaja mucho” o su variante “siempre me la pongo para estudiar”. Y es ese tipo de personas las que nunca han escuchado a Wagner. O las que no fueron al Ávalon el sábado. Porque si lo hubieran hecho no tendrían esa concepción de la bossa nova o de la música brasileña como algo tranquilito que poner de fondo ni de broma.

ipademia_club_avalon

El Ávalon se puso de gala para recibir el debut de Ipadêmia Club y no era para menos. El grupo que empezaba el sábado su andadura es el producto del trabajo de -para la que escribe- algunos de los mejores músicos de Zamora: Diego Gonçalves, Diego Rojo, Víctor Antón, Víctor Aliste y Jose Campuso (Cote). Cada uno en solitario ya merecería un concierto cada semana, así que imaginaos lo que puede salir cuando se juntan. Magia y talento puro de la tierra.

Si algo se puede destacar de este debut es la capacidad de los garotos de Ipadêmia (olha que coisa mais linda) es su capacidad para hacer de un concierto una fiesta impredecible, con versiones capaces de callar a todo el bar en un silencio absoluto en el que el ruido de los hielos resulte atronador, seguidas de otras que ponían a todos a mover el bullarengue -por ejemplo, en la versión original pero sin subtítulos de Flor de Lis, que los profanos del género conocimos en voz de los Ketama allá por los años noventa-. Bossa, samba, reggae, casi rap… Todo ello con un sonido absolutamente impecable que les permitió recoger y reinventar los clásicos hasta hacerlos nuevos, actuales y con el sello indeleble zamobrasileño.

No puedo hablar de factores técnicos concretos ni utilizar un lenguaje de crítica musical, porque esto en realidad no lo es. Pero sí puedo decir que, durante un ratito, lograron trasladar a todo a un bar a una pequeña calle a miles de kilómetros, a una playa con arena finísima a los pies de una ciudad llena de casas de colores y de niños descalzos sonriendo.

Esa es la verdadera magia: viajar a Brasil en una noche. Y sin billetes de promoción en el AVE Zamora-Río.

U. B.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s