La vida es una fiesta

Pete Doherty pasaba anoche por la Cueva del Jazz, y le gustó tanto cómo David martilleaba la acústica y Lucía acariciaba a capella un ratito de flamenco que decidió quedarse a escuchar de qué iba el rollo. Pete no ha estado mucho en España, me decía acodado en la barra, y entonces tuve que explicarle que en España no vivíamos del flamenco, que eso solo se lo creen los guiris. Entonces le invité a ver cómo se desarrollaba el concierto de David y Lucía, porque lo que hacen estos dos chicos es venderte una cassette de hits para que te montes en la furgoneta con destino a la fiesta. Y Pete, eso sí que sabemos hacerlo en España. Y Pete, David y Lucía a lo mejor no saben mucho de hits, pero sí que saben de fiesta.

Concierto de David y Lucía en La Cueva del Jazz. Foto: V. P.

Concierto de David y Lucía en La Cueva del Jazz. Foto: V. P.

Quizá porque nacieron de un huevo fallido de orquesta tienen esa cualidad de convertir cada garito en invierno en la plaza de tu pueblo en verano, y además ahorrándote el mal trago de que tu primo el de Bilbao quiera sacarte a bailar un pasodoble. Han desarrollado (o tal vez era innata y nadie estábamos allí para verlo) la habilidad de quitarle la capa banal a las canciones del verano de los últimos 35 años y que el público se deje querer por Los Secretos, Sabina, Seguridad Social u Hombres G como si acabasen de editar su disco más íntimo. De vez en cuando se les cuela una de Bruce o la Creedence y la gente se da codazos de incredulidad. Quizá porque nacieron de un experimento de diversión, saben que el triunfo y la derrota son impostores, y no se miden por un acorde fallido ni un mal chiste entre canciones sino por que el griterío del respetable desde debajo de la tarima tape la guitarra y la voz, y que en la barra no dejen de correr las copas.

David y Lucía corretean y carretean por Fuentelapeña, Monfarracinos, Vitigudino y Corrales, pero una vez al año quieren sentir que tocan en Las Ventas y le piden permiso a Miguel y Rosa para profanar el mismo escenario de La Cueva en el que se ha venerado a artistas nacionales e internacionales. Cuando se bajan completamente empapados en sudor después de dos horas de música en directo haciendo medleys entre Marea y La Quinta Estación, o Los Beatles y Los Lobos, no hay ningún pipa que les recoja las guitarras ni el micrófono pero a ellos la sonrisa les mide lo mismo que si telonearan a AC/DC en el Calderón.

Mira, Pete, estos dos chicos saben que nunca vivirán de la música pero eso no les ha robado jamás la intención de que sus primos, hermanos y amigos se diviertan en cada concierto como en el primero, que se beban mil cervezas y les tiren un guiño de aprobación. Que escuches por enésima vez las canciones que te sabes de memoria, y sin embargo salgas afónico de corearlas porque la especialidad de David y Lucía, contra lo que pueda parecer, no es la de hacer música, sino hacer de cada noche una fiesta. Y de la vida también, si se deja.

Víctor Prieto

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