El amor (y la música) moderna

Las despedidas (casi) siempre son difíciles, y la de un bar que ha acogido las primeras cervezas, besos y coqueteos de varias generaciones de zamoranos también lo fue. Creo que más de uno el viernes nos preguntamos por qué, en los últimos años, no habíamos visto ningún directo en el Molly Malone’s con la acústica tan alucinante que comprobamos que tenía durante el concierto de The Brainless. Aunque ya, a estas alturas de la película, no es la hora de los lamentos y sí la de los homenajes en los títulos de crédito. También es cierto que, habiéndolos disfrutado en varios y variopintos escenarios, la buena acústica del lugar es casi irrelevante en su caso, o es, como mucho, algo que suma un puntito más. Y estoy convencida de que, aunque tocasen en un búnker, seguirían sonando bien.

Por la gran acogida de público (que también pudo ver el concierto por streaming en las pantallas del bar) podría parecer que hacía mucho tiempo que el grupo no tocaba en Zamora. Pero la realidad es que hace menos de un mes que participaron en el XIV Ciclo de Grupos Zamoranos en La Cueva del Jazz en un concierto en el que más de uno se quedó con las ganas de verlos por falta física de espacio en el local, algo -por desgracia- no demasiado habitual con los grupos locales. Con The Brainless es distinto: tienen tirón, energía, buen rollo y un sonido que, pese a ser un grupo de versiones, les hace únicos y diferentes.

Muchos los descubrieron en la Plaza Mayor las pasadas fiestas de San Pedro cuando telonearon a los Mojinos Escozíos. Entonces ya lograron que miles de zamoranos que pasaban por la calle (o que hacían tiempo para ver a los chicos del Sevilla) se quedaran a bailar y cantar con ellos. De hecho, se oía a más de uno de ellos preguntar en voz alta quiénes eran esos chicos con la incredulidad de que un sonido así pudiera ser producto autóctono. Pero ese pensamiento typical zamoranish es una historia que da para otro artículo.

En el Molly demostraron que siguen teniendo ese espíritu capaz de llenar salas pequeñas, plazas enormes… y lo que les echen. Con toda la banda detrás o solamente con el teclado de Víctor Aliste, Héctor Pérez selló su personal voz en canciones de QueenBowie y muchos más dioses del Olimpo musical en temas inmortales como como Modern Love, Under Pressure, Life on Mars? o Bohemian Rhapsody. Así, nos hizo cantar y escuchar a partes iguales a todos los que estábamos allí, que acabamos brindando y gritando cerveza en mano la canción de Molly Malone’s en su versión más épica como buena despedida al único bar irlandés de nuestra ciudad.

Con el cierre del Molly, Zamora se queda un poco (más) huérfana de bares en los que oír buena música. Cada vez son menos los que resisten, se acaba la película y el reggaetón va venciendo. Para los que pasamos gran parte de nuestros años de instituto allí, con todo, se cierran muchas tardes en los cubículos escuchando U2, The Police, OasisDire Straits y otros grupos que la otra noche disfrutamos en directo con The Brainless, que nos dejó diciendo adiós a nuestras historias con una sonrisa nostálgica y una Guinness en la mano.

U. B.

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