Iturralde y su música como motor de vida

Lo reconozco. No conocía a Pedro Iturralde y mi relación con la música instrumental siempre ha sido un poco amarga, motivada injustamente desde niña por estudios de música que no eran santo de mi devoción. Pero el viernes pasado, en el Principal, fui contagiada de nuevo por esa magia que tiene la música y por primera vez en mucho tiempo sentí una envidia sana de lo que estaba viendo y algo en mi interior quiso volver al pasado y retomar lo aprendido.

Durante dos horas La Banda de Música Maestro Nacor Blanco rindió un fantástico homenaje a Pedro Iturralde interpretando magistralmente temas del compositor y precediendo así su aparición en el escenario.

Una vez terminado el descanso, me emocioné al ver salir a aquel hombre de avanzada edad con su bastón que, ilusa de mí, pensé que estaba peor de lo que más tarde demostró.

Después de una breve introducción en la que se repasaron sus logros profesionales y colaboraciones, este gran genio nos narró una larga descripción de sus tournées, compartiendo siempre, con una sonrisa y un excelente humor, momentos personales y musicales.

Acompañando a la Banda y haciendo malabarismos entre el saxofón y el clarinete demostró que seguía en plena forma pese a sus 85 años y dejó constancia de su gran capacidad pulmonar sosteniendo un eterno soplo de aire al finalizar.

Iturralde en su actuación en solitario en el Teatro Principal ante la perpleja mirada de los componentes de la Banda de Música Maestro Nacor Blanco. Fotografía de Victor L Gómez

Iturralde en su actuación en solitario en el Teatro Principal ante la perpleja mirada de los componentes de la Banda de Música Maestro Nacor Blanco. Fotografía de Victor L Gómez

Agradecido por el cariño y respeto recibidos, llegaría su esperada actuación en solitario, donde decidió sentarse en las escalerillas del teatro para estar más cerca de su público. Ese público, que al finalizar no pudo por menos de levantarse y ovacionarle, despidiéndole y disipando cualquier duda ( si aún la había) de que no era casual que tanto el Principal como La Cueva del Jazz hubieran colgado el cartel de “entradas agotadas”.

No sólo fue una velada maravillosa para los oídos donde pudimos disfrutar de indiscutibles habilidades musicales, sino una pura manifestación de vitalidad y energía, donde se puso de manifiesto que la pasión no tiene edad; hecho que se pudo comprobar no sólo en Iturralde sino en la misma Banda, cuyos integrantes estaban sonrientes, felices y sobre todo disfrutando mucho con lo que estaban haciendo.

Iturralde en La Cueva del Jazz, un ambiente más íntimo que se asemeja a sus actuaciones en el Whisky Jazz Club. Fotografía de Victor L Gómez

Iturralde en La Cueva del Jazz, un ambiente más íntimo que se asemeja a sus actuaciones en el Whisky Jazz Club. Fotografía de Victor L Gómez

Como era de imaginar y después de la emoción del momento, mi fiebre efímera de retomar la música (en lo que a lo teórico se refiere) se fue con ellos, pero sí que espero que alguno de esos niños que se encontraba entre el público y que miraba atónito cómo tocaban, le haya entrado el mismo gusanillo que a Iturralde le sacudió de joven viendo a su padre y pronto sea un integrante más de esa Banda o, por qué no, un futuro Iturralde.

Laura Alaiz

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