Luz al final del túnel

Hace unos pocos meses ya comentamos la profunda crisis en la que se halla inmersa la Hermandad de Jesús Luz y Vida. Pues bien, aunque la situación sigue siendo muy delicada, todo apunta a que entramos en una nueva fase que, por lógica, debería ser de cierta recuperación.

Uno de los capítulos decisivos de toda esta compleja historia fue la dimisión del ya expresidente Jesús de la Concepción, quien, aconsejado durante todo este largo proceso por el Obispado, aguantó en el cargo hasta llevar a la cofradía a una situación verdaderamente insostenible. Por eso mismo nos resulta aún más inverosímil que hace aproximadamente dos meses fuera dicha institución la que cambiara radicalmente de parecer y tomara una decisión totalmente drástica y opuesta, invitando a abandonar la presidencia al señor de la Concepción. Entendiendo que no habrá ninguna justificación –y mucho menos una disculpa- desde el Palacio del Obispo, no nos cabe más que preguntarnos ¿para esto tanto tiempo? ¿No se podía haber tomado una solución –no ya esta- antes y no dañar a una cofradía de semejante manera? Resulta inexplicable.

Miguel Ángel Regueras. Foto: José Luis Fernández (La Opinión de Zamora)

Miguel Ángel Regueras. Foto: José Luis Fernández (La Opinión de Zamora)

Con todo, a mediados del pasado mes de noviembre la cofradía celebró las esperadas –y aplazadas con el consentimiento del Obispado- elecciones, donde sólo hubo una candidatura: la del hermano fundador Miguel Ángel Regueras. Significativo de la crisis que atraviesa la cofradía y las ganas de salir de ella es el hecho de que fuera elegido presidente sin ni siquiera presentar un programa, algo nunca visto hasta entonces.

Durante los algo más de veinticinco años de vida de la hermandad, siempre se dijo que nunca terminó de integrarse totalmente en la ciudad y su Semana Santa por lo diferente de sus planteamientos estéticos. En la actualidad, ese se ha convertido en el menor de los males. Así, el ya presidente tiene ante si un durísimo reto para el que se necesita mucho tiempo y ganas de trabajar. Regueras toma una cofradía tocadísima en lo económico, con un sangrante descenso de hermanos en sus filas (de aproximadamente unos mil a doscientos en los últimos cinco años) y, para colmo, inmersa en algún que otro proceso judicial.

Desde aquí queremos animar y desear toda clase de suerte a Miguel Ángel Regueras, su junta directiva y, por supuesto, a todos los hermanos de la hermandad en su afán por reflotarla e insuflarle luz y vida. Se puede. Está en vuestras manos.

          Ricardo Domínguez Alonso

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