Caeiro o cuando el Rock and Roll dejó de ser suficiente

En una ocasión Bob Dylan me lo confesó: “el rock and roll no era suficiente… Había frases pegadizas y un ritmo contagioso, pero las canciones no eran serias o no reflejaban la vida de un modo realista”. Por supuesto, yo no le creí. No del todo. Porque por entonces, para mí, no había nada más serio que el rock and roll.

Pero el bueno de Bob, que por entonces ya no bebía y apenas señalaba algunos versículos de la biblia, añadió: “cuando me metí en la música folk era una cosa más seria. Las canciones estaban llenas de tristeza, de triunfo, de fe en lo sobrenatural y, por supuesto, tenían sentimientos más profundos. Por eso lo hice.” Y entonces pulsó el play y comenzó a sonar una vieja grabación no oficial de la célebre “Blowin’ in the wind”.

10712533_782088925167286_452649603332028380_o

El otro viernes, mientas caminaba despacio hacia el escenario del Café Universal, pensaba en aquellos encuentros con el tío Dylan en aquella cafetería de Mineapolis. Sonaba una canción popular zamorana, el “Bolero de Algodre”, interpretada por Caeiro, una formación local integrada por el percusionista Javier Martín Denis, el guitarrista Sergio Portales y Alberto Aliste, guitarra y voz.

Y una vez arriba, lo supe: Dylan tenía razón. Aquella versión del clásico era pura magia, una dulce música que se deshacía en el paladar. Sobre ella, con el único ánimo de no estropear el momento, recité unos versos de amor.txt, mi último poemario publicado. Nunca es fácil poner palabras a la magia, salvo cuando estas no delimitan, simplemente vuelan y se pierden.

Y Caeiro siguió su rumbo suave y delicioso. Nadie quería que aquella ceremonia terminase. Por el escenario desfilaron también Miguel Álvarez (Insomnio) y Silvia. El primero, para hacer suya la ya mítica “Vidas cruzadas”, un estupendo tema de Quique González. La segunda, interpretando “Llorona”, una de esas joyas de la música centroamericana popularizada por Chavela Vargas. Esa voz profunda y salvaje consiguió colocar al público al borde de la emoción. Del llanto. Sublimando un concierto que, a esas alturas, ya parecía inolvidable.

Tocaron canciones propias y versiones, tan personales, que parecían haber sido escritas para ellos. Temas como “Adelaida”, “Metrallea Joe”, “Ellos dicen mierda” o “A la luz del cigarro” se sucedieron uno tras otro desde su calidez, desde su hondura. Caeiro demostró que son una de las formaciones más difíciles de encasillar de cuantas tenemos en Zamora (y parte del extranjero). Un grupo elegante, formado por músicos extraordinarios, que se mueven con brillantez entre los distintos géneros musicales.

12308926_10153230896481778_819109617_n

Caeiro cerró la noche con otra de esas canciones populares que conocemos desde niños: “Tío Babú”. No podían hacerlo de otro modo. Su apuesta es precisamente esa: la fusión de estilos. La creatividad. Su forma de hacer las cosas es así: sentarse en el borde del camino y esperar a que el viento traiga una canción. Y hacerla propia. Beber del pasado y mirar hacia adelante. Y brindar con otra copa de vino.

Justo al final, mientras el público aplaudía, un hombre viejo se acercó a mi oído. Se le notaba feliz. “El folk es una música seria. Es puro sentimiento.” Cuando iba a girarme sujetó mi hombro, deteniéndome: “No te des la vuelta, ya no hay vuelta atrás. Ahora ya lo sabes por ti mismo”. Y se fue. Apuesto a que era Bob.

O tal vez Alberto Aliste haciendo una de las suyas.

David Refoyo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s