Delatando labores secretas (y II)

(Para leer la primera parte, pincha aquí)

troncoso

La segunda sección se adentra en el territorio de lo metapoético, haciendo “repaso de un oficio”.

“Lo mismo que a unos huéspedes que llegan/salpicados de frío, buscas vano/ acomodo entre las sábanas/ heladas del poema.”

Destaca el poema “Aprendizajes”, dedicado a otro destacado poeta zamorano, Ángel Fernández Benéitez, que el autor continúa reivindicando en su apartado de http://lasafinidadeselectivas.blogspot.com.es/

“ En él ya estaba contenida una mirada y una posición ante el mundo, que comenzaban por una negación frontal a lo consabido y que terminaban eligiendo las formas de lo inadvertido, de lo provisional, de lo intermedio como soluciones para despedazar las leyes de la corrección, que tanto han empequeñecido a la persona.”

“Memorandum”, que así se llama la segunda sección, nos muestra al poeta concediéndose a sí mismo un “Ultimátum”:

“Te lo repito: que un tiempo miserable/gane tu casa, ahuyente tu carnaza/si te sigues vendiendo a las palabras.”

Y entre sabios aforismos (<<Mide bien tus palabras>>, era sólo/otra noble razón/ de invitarme a callar poquito a poco.), concluye (Y del encontronazo, una enseñanza:/mengua el asombro cuanto crece el hábito.) 

La tercera sección, numerada bajo un solo título: “Comarca levantada a un solo grito”, nos muestra un sujeto más omnisciente y simbolista que reflexiona sobre los mismos temas: el vacío interior y el paso del tiempo, con una visión más naturalista y abstracta y menos pasional, aunque no por ello menos doliente. Los objetos y anécdotas de la primera sección se han desmaterializado e integrado en versadas conclusiones vitales.

Comienza con un romance enérgico y pesimista con ecos manriqueños sobre el inexorable paso del tiempo.

Se me tropiezan los años/más adentro, más adentro;/quieren salir a la calle/como veintitantos presos/que se hubiesen levantado/a un solo grito del suelo,/y yo los oigo, y quisiera/callarlos pero no puedo/dominar esta comarca/hasta la altura del miedo.

 Y continúa con nueve poemas, en torno al pasado, al doble filo del recuerdo y a la antítesis esperanza-resignación y cómo se concilian a golpes en los versos.

[Entre aquí sin aviso, como una vena clara/de luz que se ha colado por una celosía,/la esperanza de nuevo/…. ahora que me hace falta/ como a un cuchillo un pecho para ponerse a salvo/del daño de la luz.]              

 [Y que del tiempo nunca se pretenda/el vacío que aún queda de la hoja/proclamando la presencia en la rama.]

[La memoria es un grifo malcerrado/donde el pasado vela.]

[Porque es en la carencia/donde habrá que buscar aquello que perdure;/ vivir de negaciones será entonces lo mismo/que mantener ardiendo, vacío un almacén.]

[… una de tantas/resacas que la vida nos regresa/como pájaros dados por deshechos,…/ Afortunadamente, está el olvido/que hace de aquellos actos copos de humo.]

[Queda asignado/a cada cuerpo un nombre, una noción/violenta que lo llama, lo da uso/como a vasijas huecas llega el agua/sin espantar su cauce/…/Mérito de la luz la permanencia.]

[Pasan muy pronto los años, las horas/son las que pasan lentas.]

[Cómo no/gemir cuando lo que nos pertenece/se desmaya en la voz de la memoria,…/ Mejor que desvanezca, que perdamos/lastre como sudor que se escapase/sin orden, sin cuidado y sin embargo.]

Y culmina la obra con esa aceptación de la propia intrascendencia que trae por fin la paz.

[Quedará el alma tal como queremos:/como alcázar roñoso donde acuden /aves nocturnas, y sin otra treta/que el rumor persistiendo entre sus zócalos/de un vuelo de polillas que se aburren.]

Y para evitar eternizarme con los deliciosos sintagmas, antítesis, imágenes, comparaciones y metáforas (“el abrazo doméstico del moho”), los brillantes retratos de la meteorología, el paisaje castellano y el costumbrismo (“o la lengua del frío deje azules mis labios/como inútiles armas.”); el alto nivel de las citas, siempre pertinentes: Cernuda, Aleixandre, Berceo, Rosales, etc… Me despido simplemente con este inmenso poema de la primera sección y que, personalmente, considero uno de los que mejor refleja el “ethos” de la obra.

Jugaba al tute, está claro.

[JUEGOS DE AZAR

Paso la lengua ahora,

como un cepillo dulce y doloroso,

por sobre aquellos años de caída.

Y de aquel hundimiento silencioso

sólo emerge un rumor, una luz clara

de gastado cartón que se va en forma

de triunfo o de desahucio

mientras dura su vida lo que un latido dura

tras la mano en el pecho.

Qué agradecido

ahora estoy a aquellas tardes de baraja,

entre amadas figuras que emplearon

su valor para mi vida

entregándose al gasto de mis manos:

oros picados como espejos

secos de luz, caballos

cuyos ojos manaban zumos lentos, los venerables

gestos de un rey solo, la mella de una espada,

copas mal desteñidas, la tristeza

de un paje desarmado a punto de anunciar

al condestable que una guerra es perdida…;

 he ahí todo mi salario: cuatro palos

que cada tarde salían a esperarme

el corazón hecho cenizas o isla.

Entonces no había finca

ni patria que me diera calma como esas sombras,

porque ellas

siempre me hablaron más claro que ninguno,

nunca fueron mudez: tras de su paso

siempre llegó cobranza (acierto o amargura).

Jamás hubo silencio en ese tráfico

sino sabia tarifa, eco que se entregaba

de una vez.

Sin levantar ni un humo.

Quiero hoy que sea mi vida

como aquellos inviernos

detenidos en torno de esta industria: montón

de cartas secas,

despojadas de luz pero tan limpias

al fondo de los gestos…

O mejor como ellas, como las propias

cartas siempre en mudanza

dispuestas al adiós; no a la firmeza.

Y quienes abracé en aquellos años

con abrazos sin cáscara, olorosos y limpios,

sepan ya que mi deuda

es tan sólo con la eterna postura

de aquellas figurillas azarosas

porque nadie supo decirme como ellas

lo que iba a ser el sino

fatigoso del resto de mis días:

arrastrar, arrastrar, arrastrar mucho.]

Tomás Sánchez Santiago

solitario

P.S: El autor escribe al final del libro “Las diferentes maneras de escribir que se contienen en el libro no se concilian, por responder a niveles muy lejanos entre sí en la única superficie de la escritura. No se conocen, pues. ¿O acaso una ternilla sutil las enmaroma dulcemente concediéndoles una cohesión que ni el propio poeta sospechó mientras la faena iba tomando tamaño por encima de los rostros deseados, la grima del verano, las esperas inútiles…” Yo estoy por lo segundo ¿Y vosotros?

Miguel Pérez Martín

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