Delatando labores secretas (I)

Una de las cosas que más me estimula de participar en este proyecto es la posibilidad de descubrir, a mí mismo y a los demás, pequeñas joyas, marginales en la cultura colectiva, que hayan creado los escritores de esta tierra.

Hoy vamos a hablar de “La Secreta Labor de Cinco Inviernos”, de Tomás Sánchez Santiago [(1978-1983) (El poemario, quiero decir, él sigue vivo y tiene más de cinco años)].

El adjetivo del título le viene al pelo, pues si bien T.S.S. es una personalidad ampliamente reconocida de las letras zamoranas y españolas con obras ubicuas como “Calle Feria” o “En Familia”, este libro es una reliquia insólita que ha desaparecido por completo del mapa. Y es una maravilla.

Es un libro que me llegó de oídas en una conversación sobre el autor y que no cejé hasta tener entre mis manos, aunque fuese de prestao (gracias, Carmen). Si todo sigue como entonces, lo siento pero no lo vais a encontrar ni en el mercado negro. Razón de más para que hoy tratemos de darlo un poquillo a conocer.

Escrito en verso blanco y libre, con querencia hacia el endecasílabo, evidente en algunos poemas, alterna métricas tan variadas como la del romance y algunos textos cercanos a la prosa poética, en la parte final del libro. Se trata de un poemario introspectivo y grave en el que la fenomenología costumbrista del interior de Castilla (y sus inviernos) se enreda con un sujeto lírico decadente y apesadumbrado que conserva una chispa de ternura hacia lo contingente.

Y considerando que ya he soltado bastante ampulosidad intelectual como para justificar que me hayan encargado esta sección, adentrémonos en esta obrilla de arte de 1985.

La secreta labor de cinco inviernos

El libro consta de tres secciones y arranca con un preludio titulado Poética de invierno” en el que el autor expone la transformación que supone toda aclimatación, también en la poesía; ya que los meses de invierno “Nunca han abierto/ su pecho a mi medida”. Concluye declarando que “Me basta/ocupar la fama mala de estos meses/con palabras/robadas entre todos,/y a sabiendas/de que nada es seguro/en este reino; y menos todavía/flotar en su ceniza.”

La primera sección, titulada “Historia de una asfixia”, es la sección que contiene los poemas más líricos y con un sujeto más intimista, girando en torno a lugares biográficos comunes, con los que fácilmente el lector se identifica, como el desapego hacia lo antes propio, la fidelidad, el amor y el desamparo de una vida en la que éste se demora indefinidamente, el tiempo ayer de ocio que se nos antoja malgastado o el envejecimiento propio y de los padres. Hay un sentimiento reflejo, muy humano, por el que cada decadencia que advertimos en nuestro hábitat proyecta en nuestro corazón nuestra propia decadencia con un toque de angustia existencial que ya el propio título revela. En medio de la asfixia hay algunas bocanadas de aire fresco celebrando la comunión que supone tiritar unidos.

Merece la pena rescatar aquí algunos versos del poema “La soledad es el invento más rentable”:

Y seguirán cayendo, como astros, escamas/de escayola, limaduras al suelo que emulan compañía.”

Entusiasmado,   / enviarás la mirada hacia los goznes/y hacia las mejillas descansadas; suspenderás/el orden del aliento, el brillo del sudor/ se hará espuma en el hoyo de los poros/…./ pero al fondo, el salón/ se repite en el silencio/como el agua en el agua:/nadie ha comparecido.”

“El último cartucho” nos muestra de nuevo esa zozobra del que se va alejando con la imposibilidad de rectificar y la consciencia abrumadora de lo limitado de su tiempo, en medio de la que el sujeto lírico llama a “quedarse siempre” no sabemos si a un amor, a una época, a su vida, o a todo. . “Escúchame:/es muy triste vivir entre palabras;   meses como atalayas/me vigilan de noche, saben muy bien que he de pasar por ellos”

“Qué daría y qué no por volver a tenerte y tenerte/ en algo más vacío que la memoria (en un cuarto más/ agradable que éste, donde hubiese acampado en tonos malva/ tu juventud y no   la áspera fibra de este hule).”

En algunas de estas ideas se insiste en el poema “Días de lluvia y ropa vieja en mil novecientos setenta y pico”, con una visión más afectuosa, erótica y apaciguada en el recuerdo:

[así de lento (arroyo de mercurio) el tiempo transcurría/ por debajo/sin pisarle la espalda, sin secarle/los fondos de la lengua,/¡y quién pudiera de nuevo/saber de su saliva, volver a hallarla/ dura o salada como un fruto/fugaz por las encías!”]

Esta salvación se referencia también en el poema “Los años y el tabaco”, que, como curiosidad, está dedicado a un tal Claudio Rodríguez, que igual os suena.

“y salva el tejido del pulso, la urna/donde entoñaste la alegría/ bajo un ciprés comido de la lluvia.” “por mucho que/los años y el tabaco/nos han dado este aspecto/consentido/de barcas despintadas que derivan/sobre un fondo morado de resinas.”

En esta sección se encuentran también los poemas “A esa ciudad, oscura como un trueno”, crónica y visión de nuestra Zamora (“y tú preguntas/lo que nadie sabe:/si es la ciudad o el cielo quien avisa.) y “Mi padre se hace viejo”; el que, en opinión del que escribe es el mejor poema del libro, y el autor debe pensar también parecido, puesto que lo ha repescado en posteriores obras (para leerlo, pincha aquí).

(La semana que viene os dejaremos la segunda parte)

Miguel Pérez Martín

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s