¡Hermanos, sin miedo!

Discriminación positiva. Así lo llaman. Como si la discriminación pudiera ser positiva alguna vez. No obstante, eso debían pensar, allá por el año 2004, la directiva de la Cofradía de Nuestra Madre de las Angustias cuando en una fatídica asamblea se tomó la desafortunada decisión de que las mujeres tuvieran la opción de procesionar con el, hasta entonces, hábito exclusivo de los hombres. Allí nadie entendía el ir tapado y el peso del caperuz como lo que es: un elemento de anónima penitencia. Nada más lejos de la realidad. En aquella reunión tan sólo se hablaba de igualdad mal entendida, de poder procesionar ataviadas como los hombres, vaya.

Solo unos pocos se dieron cuenta del error y del conflicto que, sin necesidad alguna, habían creado pues, a partir de ese momento, fueron los hermanos varones de la Cofradía los que, ahora sí, tenían un derecho menos que sus hermanas. Ya saben, discriminación positiva.

Algunas voces críticas pudieron hablar entonces, sin temor a equivocarse, de desigualdad. Y así fue durante once años hasta que, en la Cuaresma del presente año, la directiva de la Cofradía propuso la reforma de sus estatutos y del régimen interno. Uno de los puntos, inexplicablemente, conflictivos fue el de que también los hombres tuvieran la posibilidad de elegir entre procesionar de luto o de túnica. Y aquí entraban en juego, cómo no, los radicales salvadores de la Semana Santa quienes, independientemente de pertenecer a la Cofradía o no, y aferrándose al manido mantra de la tradicion, protestaron ante tal medida argumentando razones históricas, razones que se caían por si solas pues la túnica de los hermanos de Nuestra Madre no se introdujo, como muchos creían, en tiempos de San Vicente Ferrer, sino en 1927. Hasta entonces, mujeres y hombres desfilaban vestidos de luto. Afortunadamente, la propia junta directiva supo argumentar y convencer a sus hermanos de lo necesario de corregir tal medida y sí, afortunadamente triunfó la cordura.

La Cofradía de Nuestra Madre, por tanto, ha salido reforzada pues no sólo disfruta ahora de plena igualdad entre sus hermanos sino que también ha recuperado, de alguna manera, cierta estética histórica ya que, como comentábamos antes, desde finales del siglo XVIII hasta 1927, hombres y mujeres procesionaban de luto. Pero lo más importante es que en una sociedad como la actual en la que, como decíamos el otro día, existe un fuerte rechazo a todo lo que huela a Iglesia, sin contar con el miedo infundido con las masacres diarias de cristianos por parte del Estado Islámico, procesionar de luto con la cara destapada supone un auténtico testimonio público de fe. Y eso, ahora, sí es una penitencia, seguramente mayor que el doloroso peso del caperuz clavándose en la sien.

Perfecto momento para ser valientes.

Ricardo Domínguez Alonso

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s