Entre carteles anda la cosa

Seguro que la escena les resulta familiar: llega el esperado día en que se presenta el cartel oficial de la Junta Pro Semana Santa de Zamora. A las pocas horas, todos los grupos de sus diferentes redes sociales están que arden a cuenta del dichoso cartelito. Hay a quien le gusta el cartel, los menos; a quien le parece horrible, los más. Pero dentro de estos últimos, da igual el año, siempre se encontrará usted con los radicales salvadores de la Semana Santa que, como un mantra, repetirán sus tres frases predilectas. Aquí se las dejamos para que, llegado el día, pueda reconocerlos inmediatamente:

Si alguien de fuera ve ese cartel se le quitan las ganas de venir”: ¿Lo dicen en serio? ¿Pero alguien se cree que, en la era de Internet, un cartel es el que convence a alguien de venir o no? No se ustedes, pero si yo estoy planteándome viajar a conocer otra Semana Santa lo primero que pongo es YouTube. Hay que entender el cartel como lo que es: un elemento de promoción que hace algunos años sí cumplía su función y que el avance de las tecnologías ha terminado por convertir en algo tradicional, un componente estético más dentro de ese todo que es la Semana Santa. ¿O acaso a estas alturas queda gente que no disfruta con los escaparates de la ciudad engalanados? Pues eso.

Pennetier Semana Santa Z

Mi hijo de seis años lo hubiera hecho mejor”: Picasso decía que pasó toda su vida intentando aprender a pintar como un niño, así que a otro con esa milonga. Aunque el cartel pueda resultar sencillo a simple vista, antes de soltar perlas como esa conviene saber que detrás se esconde un proceso creativo, una compleja teorización que llevan a lo trascendente, esto es, nuestro cartel. No quiero aburrirles, pero en otras palabras: para llegar a hacer ese cartel, el artista ha necesitado de un proceso de mucho tiempo, y no hablo del plazo que se da al encargarlo, sino de la trayectoria y formación que el artista va adquiriendo e interiorizando día tras día. Todo eso es lo que “soltará” en el cartel. Además, no olviden que estamos hablando de artistas totalmente consagrados y reconocidos. Por lo tanto, no, su hijo de seis años no lo hubiera hecho mejor. Eso sí, muestreselo y preguntele a ver que le parece ese cartel que tanto detesta. A veces las miradas limpias son las que pueden darle la clave para entender eso que a usted se le escapa. Por otro lado, es cierto que una pintura no creará tanto rechazo siempre que el espectador reconozca lo que ve. Un ejemplo: piensen en el cartel de Fernando Pennetier, probablemente el mejor cartel de cuantos hemos tenido. Ahora recuerden el de Ana Zaragozá. Aunque parezca mentira, el de Pennetier fue denostado hasta la extenuación por una sencilla -y absurda- razón: la mano que ilustraba su cartel no pertenecía a ninguno de los crucificados que sacamos en Semana Santa. Pero Zaragozá pintó a La Soledad con una minuciosidad pasmosa. Ya conocen la historia, éxito absoluto. ¡Cómo si no se pudieran admitir los dos como grandes carteles! En conclusión, ya va siendo hora de que empecemos a educar el ojo.

Cartel Semana Santa 2011. Ana Zaragozá.

¡Que vuelvan las fotografías!”: Perfecto. ¿Cómo oponerse a una buena fotografía? Pero recuerden que un gran cartel es ese que golpea nuestro ojo y nos deja un buen dolor de cabeza tiempo después de haberlo visto. ¿Qué quiero decir con esto? Que si tienen que volver las fotos sean eso, buenas fotos. La época de las estampitas con el esquema “iglesia románica de fondo-paso en primer plano” que tanto nos gustan ya pasó. Son hijas de su tiempo, ni mejores ni peores, pero no podemos quedarnos en eso. Por falta de buenos fotógrafos no será, desde luego.

Como dije antes, no quiero aburrirles. En el tema de los carteles podría haberles comentado lo beneficioso del aumento de patrimonio que supone para la Junta Pro Semana Santa de Zamora ir engrosando año a año una colección de pinturas de los mejores artistas de nuestra tierra. También podría, pero lo dejaremos para otra ocasión, demostrarles que en el tema de la cartelería de Semana Santa a nivel nacional, vamos a la cabeza, siendo la envidia de muchas de las más importantes ciudades del país. Me quedo con las ganas de hablar, además, de aquella primera hornada de pinturas de los años 30, 40 y 50 y me niego a creer que aquella sociedad tuviera más sensibilidad artística que nosotros. Lo dejamos para otro día.

Finalmente, quiero aclarar que mi artículo no va dedicado a aquellos a quienes no les entran algunos carteles por el ojo, es entendible y no tiene nada de malo. Ya sabemos que de gustibus non est disputandum. Mismamente, a servidor, entendiendo que el de Evangelista es un buen cartel, no le gusta. Pero como digo, mi artículo va dedicado a todos aquellos que se erigen como salvadores de la Semana Santa y se dedican a hacer el “anti-cartel”, siendo esa actitud, esa sí y no el cartel, la que mancha y da mala imagen de nuestra Semana de Pasión. Busquen, busquen, por ahí debe andar todavía el dibujo de este año del gran Venancio Blanco con la señal de “prohibido pasar” encima del rostro de su Cristo. Pero no se preocupen, pues el tiempo todo lo distorsiona y dulcifica, y llegará el día en que la mano de Pennetier -y otros tantos carteles despreciados por decreto- se vean como algunos de nuestros grandes carteles. Será entonces cuando esa gente dirá lo mucho que les gustaron en su momento, pero ahí estarán ustedes para apearles del carro. Mientras tanto, dejemosles con su incongruencia, es decir, haciendo anti-carteles y viendo como se les llena la boca diciendo “Zamora, tierra de artistas”.

Ricardo Domínguez Alonso

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