La tierra con poeta no está muerta

La tierra con poeta no está muerta, por mucho que las sombras soeces de la insignificancia pretendan convertirlo en mero apéndice.

Jesús Hilario Tundidor, hoy viejo apasionado, voz cascada, como la realidad, que a él no le gusta, se ha quedado en soledad, puede que por viejo, con el pendón inmaculado de la poesía zamorana en las manos. Y se ve sorprendido que gente tan importante escriba sobre él.

Lo han hecho (seguro que alguno olvido) Tomás Sánchez Santiago, Natalia Carbajosa, Pilar Celma, Gabrielle Morelli, José Luis Puerto, Rodríguez Tobal, Fernández Benéitez, Fernando Primo, Máximo Hernández…

Por mi parte es osadía. Sepan que no aportaré novedad alguna, me lanzo como lector de su magna obra, de poeta entregado, solitario, tierno y hasta erótico; siempre emotivo, y a la par les cuento una mínima anécdota, que para eso es uno provecto, y las tiene.

Tras la tormenta (Alegoría sayaguesa). Manuel I.A.

Tras la tormenta (Alegoría Sayaguesa) fragmento. Oleo sobre tela M.Iglesias.

A su casa, en la Ronda de Santa María La Nueva, se acercó, hace ya muchos años, un joven reportero, con un magnetofón. Hacía poco que la Diputación había editado su Libro de Amor para Salónica.

Con la bisoñez, que hoy se añora, preparó el reportero la entrevista, pues en los terrenos poéticos pisaba con cojera aquel crítico de cine en formación. Lo cuento así, como de un extraño se tratase. Treinta y tantos años después difícil es reconocerse en lo lejano…

Supe por Campos, Santiago, que prologaba, que aquello era un divertimento lúdico, un recreamiento mayestático de poesía amorosa. Llamé al timbre convencido de que mi ignorancia poética me imposibilitaba en el diálogo ante un premio ADONAIS, un ALAMO, nada menos. Y eso que unos días antes me leí, sin provecho, es cierto, Junto a mi silencio, Las hoces y los días.

Pero todo fue fácil con el buen amigo, grande. Se nos pasó la tarde de septiembre como brisa hacía el mar.

Meses después, a finales de 1981, ya con tranquilidad, ocuparon espacio en mi mesilla de noche Tetraedro, con un poema inolvidable, un upper a mi endeble mandíbula poética; Historia de Hieronimus Boch. Me dejó sin aliento.

Dedicatoria Hilario Tundidor

Dedicatoria de Hilario Tundidor.

Luego, como dejó dicho Robert Walser, poetenleben, el poeta como un mero apéndice, dispuesto como un rio a recibir la tarde. Profundamente eres verdadero y unánime, siguió su camino vital, llevando en el zurrón su ciudad natal, las tierras castellanas y haciendo hueco a la luz del sur. Sin necesidad de recitar los títulos de sus libros, ya con ochenta tacos y la voz re-partida, el Hilario Tundidor antológico está en La fertilidad de los vocablos, (Cuadernos del Laberinto), que recomiendo para perder el miedo a leer poesía, pero sobre todo para descubrir, si no lo han hecho ya, a un tipo cuyo eco verdadero de poeta es su gran humanidad generosa .

 

COMO si nada

hubiese pasado: el aire, la tormenta

Como si no

estuviésemos solos: la gente, el mar

haciéndose…

( Pero ya no existimos,

humedad y verdín sobre nosotros

cae, opaco

cardenillo es nuestra vida, turbia tela

roída, Salónica, vencida ) (…)

Manuel Iglesias

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