De Dioses y de Hombres

¿Quién de ustedes no se ha sorprendido alguna vez cuando, al comentar que les fascina el mundillo de la Semana Santa, les han respondido con un “eso está anticuado” acompañado de una incómoda sonrisa de desprecio? Y eso en el mejor de los casos. En el peor se pueden encontrar con las orejas gachas pidiendo perdón, como Iglesia que son, por los abusos cometidos por curas pederastas. Verídico.

Reconozcámoslo: vivimos en una época en la que el anticlericalismo está a la orden del día. Otro problema que golpea nuestra sociedad, y del que nada voy a descubrir, es la grave crisis económica que atravesamos. Es por eso que me cuesta mucho entender porque nos empeñamos en seguir dando razones de peso a quienes critican lo inútil de la existencia de las cofradías. ¿Se puede hacer algo? La respuesta a tan simple ecuación está ahí, clara sobre el papel, y es muy fácil de resolver. Tan sólo se necesitan juntas directivas concienciadas y hermanos comprometidos que en su lista de proyectos unos y en su agenda otros, marquen en rojo las palabras “obra social”.

Se puede morir de muchas cosas y nuestra Semana Santa, sino lo evitamos, va camino de morir de éxito, pues hace ya bastante tiempo que se encuentra perdida en una travesía por el desierto, una travesía en la que se ha obviado el cartel que indicaba el sendero que lleva a la caridad y se ha optado por seguir el que conduce al espectáculo. ¡Cómo si no fueran compatibles! Quiero hacer aquí un inciso para subrayar la labor de esas honrosas y mínimas cofradías que han comprendido este problema y quieren retomar el rumbo. No obstante, lo habitual es que nos encontremos con hermandades que ponen en la calle unas bellísimas procesiones pero, ¿qué ocurre si rascamos? Que detrás no hay absolutamente nada. El tópico se cumple: Somos de procesiones, no de cofradías. Debemos ser, por tanto, los primeros en continuar con el ejemplo del Hombre que, a bombo y platillo, sacamos clavado en la cruz. Será esta la única forma de que esa maravillosa procesión tenga sentido.

¿No están ustedes hartos de escuchar la coletilla de “Semana Santa todo el año”? Pues bien, seamos consecuentes y pongámosla en marcha. Y no, no me refiero a aburrir al vecino en plenos Sanfermines poniendo el “Mater mea”, ni de pasar la noche de Navidad viendo la entrada de La Congregación al Museo. También está muy bien pero no es eso. Hablo de cumplir como hermanos de una cofradía, de adquirir una serie de compromisos, de una auténtica vida de hermandad. Pero cuidado, en este punto se puede caer en el error de decir “es que mi cofradía ya da mucho dinero a Cáritas”. Genial, el parné es fundamental en una obra social pero, perdonen mi atrevimiento, eso suena a un lavado de conciencia rapidito. Creo, sinceramente, que es el momento de que las cofradías apuesten por proyectos sociales propios, ambiciosos y serios. Es tan sólo cuestión de desperezarse, sentarse a pensar y tener ganas de trabajar. La sociedad nos lo exige.

¿Cuántos de esos a los que se les llena la boca diciendo que son cofrades de La Mañana, “la procesión del pueblo”, saben que cuando se fundó allá por 1651, hace 364 años, ya tenía entre sus fines principales no sólo representar el camino de Cristo a la cruz, sino también costear el entierro de aquellos hermanos a los qué les resultaba imposible su pago? ¿Es qué acaso, en la actualidad, no tienen las Cofradías a hermanos entre sus filas pidiendo a silenciosos gritos su ayuda? ¿No vemos cada día en nuestra ciudad personas pasándolo francamente mal? ¿Por qué mirar hacia otro lado y malgastar tanto potencial?

Volviendo a lo que comentábamos al principio, los anti-Semana Santa no van a convencernos con su argumentario. Nosotros tampoco vamos a iluminar sus mentes con el don de la fe, pero sí podemos contribuir a mejorar la sociedad y darles razones de lo necesario de nuestra existencia pues es la Semana Santa la que tiene que saber adaptarse a los tiempos, y no al contrario.

Que nuestra respuesta a aquella crítica y brillante pintada que decía “¿habré muerto para salvar el turismo?” sea un rotundo “¡no!”.

Ricardo Domínguez Alonso

P.D: En La Opinión de Zamora del día 30 de junio nos encontramos con una noticia que nos cuenta la historia de Sara Gato, una joven afectada con una rara dolencia. Sus padres, en paro, piden ayuda económica para poder afrontar el gasto del tratamiento. La historia, de por si triste, lo es más al saber que su padre es directivo de una de las grandes cofradías. La tristeza se convierte en indignación al no comprender como no ha salido de parte de la propia directiva el proponer destinar parte de su obra social a ayudar a esta chica cuyo padre, insisto, está muy vinculado a la Semana Santa. Dejo caer la idea, esperando que alguien la recoja, de que si todas las cofradías aportan su grano de arena, siempre en la medida de sus posibilidades, en breve La Opinión nos relatará una historia muy diferente. No empleemos la palabra “hermano” un solo día al año.

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